4 marzo 2021

Sinopsis del Terremoto de Cúa de 1878

Los Valles del Tuy se ubican dentro de una región sísmicamente activa, controlada estructuralmente por un Sistema de fallas conformado por la falla de Tácata y la falla de La Victoria, siendo la falla activa precursora por referencia de los movimientos telúricos en esta área la falla de Tácata (estructura geológica que presenta un plano oblicuo). Mayormente los suelos de esta región son limosos y arcillosos, lo cual aun día demanda la construcción de viviendas especiales. Dentro del registro histórico de eventos sísmicos relevantes en los Valles del Tuy es el sismo más antiguo del que se tiene información el del 11 de junio de 1641, reseñándose otros eventos similares en los años 1766 y 1812. Cúa, La capital del municipio Urdaneta, como ciudad tiene la particularidad de haber sido reubicada debido a la ocurrencia de movimientos sísmicos que afectaron sus previas locaciones (La primera capital denominada Santa Rosa de Marín fue devastada por el sismo de 1641). El 12 de abril de 1878 aproximadamente a las 8:45 pm se generó un fuerte movimiento sísmico con una intensidad aproximada de 6.3 en la escala de Ritcher y una intensidad equivalente de 8 en la escala de Mercalli. El epicentro de este terremoto pudo ubicarse entre las poblaciones de Cúa y Ocumare del Tuy, siendo destruida en ese evento la villa de Cúa y afectadas las poblaciones de Charallave, Ocumare del Tuy, Santa Teresa del Tuy, San Francisco, Tácata y San Casimiro. El registro total de afectaciones y pérdidas por este evento difiere según varias fuentes de información, siendo para esa época reseñado entre 400 a 2000 muertes (el censo del comerciante local Andrés de La Morena indica sin embargo una cifra no superior a los 70 fallecidos), el colapso total del templo (solo sobrevivió una columna y su capitel), centenares de viviendas colapsadas, y la devastación de las Haciendas: La Consolación, El Palmar, San Rafael, El Conde, Souza, Tovar, Mendoza, Calabozo, Piñate, Santa Bárbara y Oviedo y daños menores en las poblaciones aledañas previamente citadas.
Reseñas sobre testimonios de los pobladores refieren la ocurrencia de hundimientos del terreno y el haber oído crujidos fuertes. El hecho de que este evento ocurriese pocos días antes de la semana santa y sucesos relacionados a un párroco local (José María Céspedes) le confirieron elementos sobrenaturales dentro de los pobladores. Luego de la devastación la población de Cúa recibió la visita del Presidente de la República Francisco Linares Alcántara quien recorrió las áreas afectadas, dándole a este evento una connotación nacional. Otro elemento de interés se presenta como un efecto cosísmico a la ocurrencia de este fenómeno, ya que como iniciativa para la asistencia de las personas afectadas el “Colegio Smith” conformó una Junta Benéfica de carácter voluntario que entre sus objetivos se planteó la construcción de un orfanato que diera hogar temporal a los niños huérfanos a causa del terremoto; dicha institución logró brindar asistencia no solo a los niños de la región ya que también recibía infantes de la ciudad capital. Un hecho poco conocido es que fue en ese orfanato donde se dio la primera consulta médica exclusivamente pediátrica en el país. De esa prospera ciudad cuyo desarrollo violentamente fue interrumpido luego del terremoto de 1878 sobreviven pocos vestigios heredados en la memoria de algunos pobladores. Los Valles del Tuy siguen siendo considerados una zona sísmicamente activa, sus suelos han seguido constituyéndose por sedimentos transportados por el río Tuy y sus afluentes (limos y arcillas), y su población ha olvidado en gran parte ese dinámico pasado sísmico que en más de una oportunidad afectó a las florecientes villas del Tuy y del cual el Terremoto del 14 de abril de 1878 es uno de lo eventos sísmicos más contundentes generados en el Estado Miranda en Venezuela.

Conferencia de Gestión de Riesgos en Cochabamba

Actividad desarrollada en la ciudad de Cochabamba, dirigida a estudiantes de ingeniería de la Escuela de Ingeniería Militar en su núcleo de Cochabamba. El objetivo fue plantear los principios que deben aplicarse en la gestión de riesgos y entender los procesos de construcción social de los mismos. Adicionalmente, analizar de forma sencilla las condiciones que se han presentado para la generación de desastres. Por último se planteó la situación de Cochabamba ante eventuales eventos adversos y se expuso como caso de estudio los terremotos de México del mes de septiembre de 2017.

Asistieron 54 personas entre oficiales de las fuerzas armadas, docentes y estudiantes de ingeniería civil.

Se contó además con la presencia del Lic. Rodrigo Velasco, presidente de la filial de Cochabamba de la Asociación Boliviana de ex-becarios en Japón, quien comentó sobre las actividades de su organización y los programas de cooperación con la nación asiática.

El Efecto Amarillista de un Sismo

Miguel Angel Morales Collazos

Posiblemente el caso venezolano no sea el único en este tipo de fenómenos asociados a la sismicidad, pero ciertamente dentro de la conducta del venezolano, es más que común y esperable que luego de ocurrir un evento sísmico se retomen temas y opiniones más cíclicas que los movimientos telúricos, así como la reaparición de temores que por lapsos mayores permanecen dormidos y hasta en el olvido. Cuando hago referencia al amarillismo es porque a la par de las sacudidas producidas por la liberación energética desde el subsuelo, se propagan rumores que pudieran competir con la velocidad de las distintas ondas sísmicas, y son hoy día los medios digitales (entre ellos las redes sociales) los que hacen acuse y sirven de medida de dicho efecto, pudiera una familia vivir por décadas albergando fisuras o grietas en sus viviendas sin notarlas jamás, hasta que un temblor les hace examinar la casa y mágicamente cada daño, desperfecto y hasta descuido exhibido en los hogares ha sido producido por el citado tremor; por otro lado se presenta una marcada elevación en la demanda de charlas y conferencias sobre prevención sísmica, con información siempre útil y bienvenida, pero que prontamente experimenta una caída en su necesidad de ser consumida y cae en el desuso y el olvido, poco dura el temor (científicamente conocido como tremofobia) que manifiestan muchos ciudadanos a los latidos de la Tierra.

Organismos como las protecciones civiles, bomberos, ONG’s y principalmente el ente rector en el caso venezolano: la Fundación Venezolana de Investigaciones Sísmicas (FUNVISIS), promueven de forma mantenida el acceso a información importante y programas de capacitación al respecto, enfrentando a menudo obstáculos serios para que la información llegue a sus destinatarios, obstáculos básicamente sociales, y dentro de los mismos podrían contarse la inapetencia al conocimiento, la priorización de otros temas más presentes y urgentes en la cotidianidad, el desinterés de los entes políticos y si, el escaso por no decir nulo registro de víctimas fatales en el presente más inmediato de la historia venezolana, cosa curiosa al saber que el territorio venezolano corresponde a una región eminentemente sísmica, con sistemas de fallas cuaternarias activas, antecedentes no solo de sismos destructores sino también de tsunamis (no olvidemos por otro lado que son más constantes los daños y pérdidas derivados de las lluvias o de la ausencia de estas a los cuales la población no teme pero cada año padece, pero muchos organismos en la Protección Civil solo se enfocan en simulacros por eventos sísmicos), pero que por razones circunstanciales que solo la naturaleza conoce, no se han cobrado las víctimas que nuestras espectaculares condiciones de vulnerabilidad sirven sobre la mesa y por cosas de la vida, el venezolano ya no sabe por qué razón es que la expresión «Se acabó Cúa» (frase que se popularizó en la población del mismo nombre luego de su segunda destrucción a raíz de un sismo en 1878) existe, pero si recuerda el persistente chisme de la época de la visita de Humboltd a la capital venezolana de que el Ávila (cerro Waraira Repano ubicado en la ciudad de Caracas) es un volcán.
El amarillismo no es exclusivo de los medios de comunicación, pero si de ellos ha sido la voluntad de que se siga calificando como terremoto a un evento sísmico cuando se caen casas y hay muertos, y como temblor, cuando solo se trata de una sacudida leve; el amarillismo se materializa con los mensajes que saturan las herramientas comunicacionales que confunden y deforman los acontecimientos reales y verificables, pero también se materializa con la conducta casi histérica de muchos que solo recuerdan que las casas se pueden caer si es que un sismo fuerte se genera, pero es que se pueden caer no solo si eso pasa, porque como bien me enseñó mi tutor de postgrado el Ingeniero Ronald Torres (docente de la UCV) «hay dos tipos de estructuras, las que se diseñan, y las que se caen», y en un país donde la autoconstrucción ha sido la norma, y el respeto a las normas constructivas constituye una excepción a la regla, no hace falta un sismo para que las casas se caigan, pero pese a esto, muchas veces estas no se caen. Entonces tenemos que luego de un sismo como el ocurrido el día 30 de agosto de 2017, con sus correspondientes réplicas, la ciudadanía en un buen número se vuelca a demandar información a los entes pertinentes (varios nombrados líneas arriba) y llegan a saturar la solicitud y prontitud de sus servicios, sería muy positivo que esto no pasara solo luego de un sismo, y que la preocupación ante los efectos de la dinámica terrestre con los sistemas sociales no desapareciera y se olvidara tan pronto. Pueden imaginarse que pasará cuando el sismo no sea una advertencia y por las ya referidas condiciones de vulnerabilidad se constituya en la derivación de una catástrofe, que en las circunstancias actuales del país con escasez de insumos básicos (alimentos y medicamentos), con la precariedad en la dispensación de servicios de asistencia social, y con una agenda política tan atribulada y preocupada de temas bien ajenos al bienestar ciudadano, pueda magnificarse de manera exponencial, al igual que la energía de dichos sismos.
Es necesario pasemos del reactivismo al prevencionismo, de desarrollar más la previsión que la corrección, de estar más informados para no caer en amarillismos ni reacciones propias de una película apocalíptica, pero ojo, revisen la historia, los terremotos en la historia venezolana se han cobrado la vida de repúblicas (1ra república venezolana) y de malas presidencias, por ello, no es el sismo el problema, sino cómo nos encuentra parados.

 

Destrucción de Líneas Vitales en Desastres

Miguel Angel Morales Collazos

Entre las múltiples consecuencias de la ocurrencia de un desastre, frecuentemente debe lidiarse con la dificultad para asistir a la población afectada, por efecto de la vulneración o daño severo en alguno de los componentes de una línea vital. Las líneas vitales (lifelines), son sistemas imprescindibles para la vida humana y el funcionamiento de las poblaciones, representan un conjunto de activos y recursos humanos fundamentales para la provisión de servicios esenciales para mantener estándares de calidad de vida, cuya interrupción generará severas y sensibles pérdidas, especialmente en caso de eventos destructivos. Dentro de los componentes de las líneas vitales está la infraestructura de transporte (vías terrestres, aeropuertos, puertos, sistemas y medios de transporte masivo y de carga), sistemas de provisión de servicios y bienes (agua potable, gas doméstico, energía eléctrica, combustible, distribución de alimentos, centros hospitalarios, dispositivos de seguridad y respuesta a emergencias), infraestructura gubernamental, entre muchos otros.

Ante lo expuesto tendría que entenderse la importancia de contar con altos niveles de seguridad estructural y operación de las líneas vitales, así como de prever los escenarios en que estas puedan fallar y los debidos planes para su reposición y/o habilitación de sistemas alternos. Los acontecimientos recientes (sismos, huracanes), demuestran tanto la susceptibilidad de las líneas vitales tanto urbanas como rurales, y los obstáculos que los entes gubernamentales y no gubernamentales enfrentan para el despliegue de las respuestas humanitarias al momento del colapso de estos sistemas.

El terremoto ocurrido en Ecuador en abril de 2016, acontecido en zonas provinciales costeras de ese país, dejó ver las debilidades de las líneas vitales de esa nación, ya que instalaciones hospitalarias y vías principales fueron gravemente dañadas quedando inoperantes, esto complicó el desplazamiento de grupos de respuesta desde la capital ecuatoriana hasta la zona afectada en el litoral ecuatoriano y el desplazamiento de afectados a sitios seguros. Con el colapso de un centro hospitalario se deja sin provisión de atención para la salud a los numerosos lesionados que pueden tenerse luego de un desastre, hasta la activación de centros de emergencia provisionales.

El paso del huracán María por la isla de Puerto Rico durante los últimos días del mes de septiembre de 2017, afectó a todos sus municipios, dejó totalmente sin suministro eléctrico a la población (numerosas torres de transmisión fueros destruidas), sin acceso a telecomunicaciones (telefonía doméstica, celular ni internet), redujo severamente el acceso a agua potable (declaraciones de afectados y el cese del aprovisionamiento de combustible obstruyó la distribución de ayuda a los afectados al no poder contar con medios para el traslado terrestre en camiones hacia distintos puntos de ese territorio y el propio desplazamiento interno de los residentes en la isla y el re-abastecimiento de insumos (médicos, sanitarios, alimentarios), sumado a las tareas de recolección de desechos que también fue interrumpida, la contaminación de cuerpos fluviales (por desechos y sedimentos) entre otros daños ambientales. Los daños más profundos y que agravan la situación y necesidades de las personas más allá de las afectaciones a las viviendas pasan entonces a ser los citados previamente, pues solventada la necesidad de refugio que en muchos casos los pobladores solventan temporalmente luego del evento desastroso las otras prioridades escapan en gran parte de sus posibilidades y recursos para su resolución.

Al colapso de las líneas vitales sucede que muchas carencias o problemas que no fueron atendidos oportunamente se agudizan, acentuando la falta de coordinación y elevando la presión social de la población afectada, que puede devenir en conflictos jurisdiccionales en cuanto a lo político-administrativo, problemas sanitarios, hambre y violencia. Debe ser parte de los planes de reconstrucción el mejoramiento de los elementos que forman parte de las líneas vitales, y para ello deben realizarse los estudios de vulnerabilidad sobre las mismas.

Con lo expuesto líneas arriba se pone a consideración la necesidad de fortalecer la integridad de las líneas vitales, y de contar con los recursos y planes de contingencia para su inmediata puesta en operación, en los casos que estas fueran perjudicadas, de nada sirve la ayuda en recursos de la índole que sea, si está atrapada lejos de quienes la requieren. Debe tenerse presente el imperativo humanitario que manifiesta la necesidad y prioridad de aliviar el sufrimiento de las personas afectadas por acontecimientos como los descritos en este texto.