11 abril 2021

Entrevista al Dr. Nick Barton.

El pasado año se celebró en la ciudad de Cochabamba el I Congreso Boliviano de Geomecánica, allí tuvimos el privilegio de asistir a las conferencias dadas por el Dr. Nick Barton, autor de 260 publicaciones de geotecnia y creador del sistema Q para clasificación de macizos rocosos, de los parámetros de resistencia al corte de discontinuidades de macizos rocosos JRC y JCS, de los métodos QTB y Q SLOPE y co-desarrollador de las leyes constitutivas Barton-Bandis entre otros méritos. Fue en ese mismo evento en que tuvimos la oportunidad de realizarle una breve entrevista al Dr. Barton, que a continuación transcribimos:

Entrevista: (P: Pregunta, NB: Nick Barton)

P: ¿Cuál es el principal desafío que los ingenieros geotecnistas deben superar en el siglo XXI?

NB: Es una pregunta importante. Me voy a referir a una cuestión que se ha planteado desde hace años y que es uno de los problemas clave en la ingeniería de rocas en cuanto a la durabilidad de los parámetros de resistencia interna. Referido al modelo de Mohr-Coulomb, que ha sido utilizado históricamente, el cual característicamente utiliza los parámetros cohesión y ángulo de fricción interna, usualmente se plantea una degradación con el tiempo de las propiedades cohesivas de las rocas pero manteniendo las propiedades friccionantes. Esto debería estudiarse mejor para poder también reducir las propiedades friccionantes y describir así correctamente los esfuerzos de cizalla en los macizos rocosos. Algunas personas ya están haciendo esto.

Por ejemplo, al monitorearse la falla progresiva en un talud, lo que no ocurre instantáneamente, sino por etapas hasta alcanzar la falla, los parámetros friccionantes deben ir degradándose gradualmente. Esa es la razón por la que muchos datos no resultan lógicos en la descripción de la resistencia a los esfuerzos en modelos numéricos, y estos modelos terminan siendo incorrectos. Necesitamos hacer desarrollos en esa materia y mejorar esto en los siguientes cincuenta años pues no se hizo suficientemente bien en los últimos 50 años.

P: Considerando su último comentario, ¿considera más relevante la experiencia del profesional que el sustento de un modelo numérico?

NB: Sobre eso tuve un muy interesante caso hace unos diez años, con un paquete informático que tenía el modelo más usado por muchas personas en ese momento y que aún muchos usan. Este modelo fallaba en la predicción de zonas plásticas alrededor de un pequeño túnel, indicando zonas plásticas que realmente no existían, y mostrando condiciones que definían toda una zona dañada debido, precisamente, a los resultados numéricos imprecisos de esta interpretación errada.

Mientras ocurría la discusión se agotó el tiempo estipulado para los trabajos, tras lo cual debió actuar el inversor de la obra. Estas personas trataron de argumentar que todo el material estaba plastificado y que por lo tanto, el túnel no estaba diseñado con el  soporte estructural adecuado. Pero eso era en realidad una exageración total del modelo numérico, el cual no concordaba con la práctica usual y los resultados estaban fuera de la lógica. Por ello, yo me inclino más al uso de los sistemas de clasificación de macizos que al de los modelos numéricos, pues en la práctica de la mecánica de rocas el empirismo que se desarrolla con estos sistemas se acerca mucho más a la realidad, mientras que los modelos numéricos se apoyan en muchos supuestos que quienes los utilizan eventualmente no los conocen bien y los conducen a interpretaciones equivocadas.

P: En su criterio, ¿cuál es la más potente herramienta que los estudiantes y nuevos ingenieros geotecnistas deben aprender a utilizar para un buen desempeño profesional?

NB: Es muy importante que los nuevos profesionales aprendan a usar las herramientas adecuadas. Esto no es tan fácil y necesita ser más desarrollado. Quisiera hablar de dos puntos que considero fundamentales como herramientas:

El primer punto es respecto a las perforaciones. Es muy común que los ingenieros traten de resolver sus interpretaciones solo a partir de perforaciones verticales, cuando con estas es realmente poco probable que se puedan interceptar todos los planos de discontinuidades que deben ser observados. Por este motivo pienso que debería recurrirse a utilizar perforaciones inclinadas complementarias para tener una interpretación más completa y realista.

El segundo punto tiene que ver con el modelo de caracterización geomecánica. Considero que los nuevos ingenieros deberían usar el Sistema Q de clasificación en lugar de otros sistemas porque el sistema Q define un rango de magnitudes en vez de un solo orden de magnitud. Este sistema permite caracterizar un amplio rango con el que se puede describir la naturaleza en los macizos rocosos de manera más realista, lo que nos lleva a una ecuación muy simple que hasta ahora funciona, y que tiene propiedades valiosas con muchos casos registrados. El sistema Q es como un proceso de aprendizaje, en el que los registros de casos que se tienen nos deben indicar qué acciones deben tomarse.

Hacia el final de esta amena entrevista, quisimos conocer la opinión del Dr. Barton sobre las aplicaciones desarrolladas para los celulares que permiten usar el sistema de clasificación Q y otros similares.  Su respuesta la transmitió con una sencillez que pocas personas del calibre de su genio mantienen tras una carrera de tantos logros profesionales y contribuciones a la proyección del estado del arte de una ciencia aplicada:

NB: Tengo referencia de esas aplicaciones, pero el hecho es que yo no uso teléfonos celulares, me rehúso a ello, utilizo mi computador cuando lo necesito, y esto ocurre varias veces al día, pero prefiero no tener que cargar con un computador todo el tiempo en mi bolsillo.

De esta forma culminó la entrevista que hicimos al Dr. Nick Barton, quien además de un gran profesional demostró mucha calidez, cordialidad y buen humor.

*Agradecemos la colaboración en la transcripción del Prof. Wagdi Naime.

Gestión de riesgos en el hogar

Los hechos que se presentaron desde inicio del año 2020 y que se han prolongado hasta la actualidad vinculados a la pandemia del Covid-19, obligaron a muchos países a establecer cuarentenas generales a la población, con impactos diferenciales y profundos en prácticamente todos los sectores económicos, pero sobre todo en la sociedad. Esta situación nos ha llevado a mantenernos como nunca antes dentro de nuestros hogares, los cuales junto a nuestros espacios laborales eran los sitios en los que distribuíamos nuestro tiempo.

La presencia prolongada es un mismo lugar debería permitirnos conocerlo a detalle, a llevarnos a establecer rutinas y a reducir la exposición ante cierto tipo de riesgos, lo cual requiere primariamente de su identificación, y nuestros hogares no están exentos de ser lugares de exposición por lo que prestar atención a las condiciones en que los servicios, el mobiliario o la propia estructura se encuentra, resulta en una tarea provechosa que además de elevar nuestra seguridad, nos puede permitir evitarnos gastos mayores debido a la atención oportuna de problemáticas que tal vez no habíamos notado.

La sobrecarga de conexiones eléctricas es una condición de muy alto riesgo en el hogar.

Las instalaciones de servicios como el gas, el agua y las conexiones eléctricas necesitan ser revisadas y recibir mantenimiento cuando presentan algún deterioro; los productos de limpieza contienen sustancias tóxicas por lo que deben ser almacenados y manipulados adecuadamente; el mobiliario debe estar ubicado en casa de manera que no represente una amenaza ante caída de objetos pesados, producir posibles obstrucciones de salidas o que puedan colapsar por estar en mal estado; la presencia de agrietamientos en vigas y columnas requiere de observación y reparación; las barandas y ventanales deben estar bien fijados; la fuentes de emisión calórica, objetos filosos y con elementos que puedan producir aprisionamiento deben estar lejos del alcance de los niños, al igual que los medicamentos o sustancias peligrosas que por accidente pudieran ingerir.

Muchos productos de limpieza contienen sustancias corrosivas e irritantes, por lo que deben almacenarse debidamente.

Un programa sencillo de inspección a los ambientes del hogar, nos puede permitir identificar los sitios críticos o con mayor nivel de riesgo debido a los objetos que se encuentran en cada espacio o por las actividades que se realizan en los mismos, y en su implementación pueden participar todos los miembros de la familia.

En especial cuando se trata de nuestras familias, la prevención es primordial. Esta inspección formaría parte de un plan de gestión de riesgos familiar, el cual podemos complementar preparando un botiquín de primeros auxilios, elaborando una lista de teléfonos de emergencia, y realizando sencillos ejercicios que preparen a los miembros del grupo familiar a actuar ante situaciones de peligro que podrían presentarse, pero más que todo, a evitarlas.

Inspeccionar nuestras viviendas es el inicio para la reducción de riesgos internos en el hogar.

Si bien la actual pandemia ha trastocado la vida como la conocíamos hasta ahora para muchos, puede darnos el tiempo para hacer de nuestros hogares sitios más seguros en los que estemos de verdad protegidos.

Cambio Climático en tiempos de pandemia. Entrevista al Dr. Juan Carlos Sánchez.

Tiempo atrás en Venezuela, tuve el gran gusto de compartir con el Dr. Juan Carlos Sánchez, en un ciclo de conferencias que se realizó en varias ciudades del país sobre Cambio Climático, como iniciativa de la Sub-Comisión Parlamentaria sobre Cambio Climático de manos de la asambleísta María Gabriela Hernández. El Dr. Juan Carlos Sánchez posee una muy amplia trayectoria respecto al estudio del Cambio Climático y la divulgación del mismo, es Ingeniero Industrial y Doctor en Ciencias Ambientales del Instituto Nacional de Ciencias Aplicadas de Francia, con más de 35 años de experiencia profesional de los cuales trabajó durante 22 años en proyectos ambientales en la industria petrolera y petroquímica de Venezuela, fue asesor técnico de las Delegaciones Venezolanas que participaron en las Negociaciones de la Convención de Cambios Climáticos y del Protocolo de Kioto de Naciones Unidas entre 1989 y 2001 y es Co-ganador del Premio Nobel de la Paz 2007 por su contribución a los trabajos de mitigación del cambio climático en el Panel de Expertos de Naciones Unidas.

El Dr. Juan Carlos Sánchez fue co-ganador del Premio Nobel de la Paz en el año 2007.

Actualmente, en medio de la pandemia que representa el COVID-19 y que domina la necesidad informativa global, han surgido muchas voces que plantean los efectos positivos sobre el ambiente de las cuarentenas que muchos Estados han impuesto, pero que sin duda tendrán impactos económicos que aún es complicado poder determinar, realicé esta entrevista a este experto acerca del Cambio Climático y algunos temas relacionados al mismo. A continuación, les comparto las interrogantes planteadas al Dr. Sánchez y sus repuestas:

¿Tiene alguna relación el Cambio Climático con la reaparición de enfermedades que habían sido superadas y la generación de epidemias?

El cambio climático guarda una estrecha relación con los problemas de salud. El Panel Intergubernamental de Expertos en Cambio Climático de la ONU, en su tercer informe de evaluación, del 2001, afirmó que «El cambio climático puede afectar a la salud de manera directa, como consecuencia de temperaturas demasiado altas o bajas, pérdida de vidas y lesiones ocasionadas  por inundaciones y tormentas, e indirecta, por la alteración de la propagación del alcance de los vectores de enfermedades, como los mosquitos, y de los agentes patógenos transmitidos por el agua, así como por el deterioro de la calidad del agua, la calidad del aire, y la calidad y disponibilidad de los alimentos. El impacto real en la salud dependerá mucho de las condiciones ambientales locales y las circunstancias socioeconómicas, así como de las diversas condiciones sociales, institucionales, tecnológicas y del comportamiento orientado a reducir las amenazas para la salud.»

El cambio del clima, sin duda, influye en las epidemias al crear las condiciones para la difusión y proliferación de vectores y patógenos en localidades donde estos antes no existían. Sin embargo, este no es el único factor que incide en la aparición de las epidemias.  A la vez que estamos alterando el clima también estamos invadiendo los bosques tropicales y otros ecosistemas que albergan numerosas especies animales y vegetales, capaces de albergar muchos virus desconocidos. Cortamos los árboles, matamos a los animales salvajes o los enviamos a los mercados para su consumo, degradamos los ecosistemas y eliminamos los huéspedes naturales de los virus. Cuando esto sucede, los virus tienden a buscar otros huéspedes, y probablemente esos huéspedes seamos nosotros.

El COVID-19 Se detectó por primera vez en la ciudad china de Wuhan (provincia de Hubei, China) en diciembre de 2019.

¿Es real el impacto en el ambiente de la cuarentena que en muchas partes del mundo se está ejerciendo?

La cuarentena ha obligado a detener numerosas actividades industriales generadoras de gases de efecto invernadero y gases contaminantes del aire, el beneficio ambiental de esta parálisis se ha observado y documentado en China y en Europa. Probablemente se observe esta misma tendencia en Norteamérica en las próximas semanas. La observación inmediata de muchos de estos gases en la atmósfera ha sido posible gracias al desarrollo de equipos de detección y medición instalados en satélites. También se ha producido una reducción de los gases emitidos por el sector transporte, aunque la contribución de este sector al problema del cambio climático es comparativamente inferior cuando se le contrasta con las emisiones industriales.

Sin embargo, este es un beneficio ambiental coyuntural, momentáneo, porque una vez que pase la pandemia y se retomen las actividades industriales y de transporte, los niveles de contaminación y de dióxido de carbono equivalente en la atmósfera volverán a sus valores previos. Lo que no resulta fácil de anticipar es cuando se alcanzarán esos valores de nuevo, porque además del fin de la pandemia se requerirá salir de la recesión económica resultante, lo cual no ocurrirá de inmediato. Me gustaría que la experiencia del COVID-19 indujese algunos cambios sociales, que la pandemia nos induzca a reducir las costumbres de viajar en avión, a preferir el consumo de bienes locales, que muchas de las empresas extranjeras localizadas en China retornen a sus países de origen, que haya más teletrabajo y educación a distancia, menos turismo internacional, todo lo cual, en su conjunto, reduciría las emisiones de gases, pero todo esto está por verse.

¿Quiénes son más sensibles al cambio climático?

Todo el mundo se verá afectado de alguna manera por el cambio climático, pero algunas personas van a ser más impactadas que otras. En algunos casos, es porque viven en áreas más vulnerables o más expuestas a las consecuencias del cambio climático, bien sea porque viven en una zona inundable, en un terreno inestable o donde es más probable que se desate un incendio forestal. En otros casos, es porque las personas tienen menos acceso a los recursos que les ayudarían a recuperarse de tales eventos. Las comunidades más pobres sufrirán las peores consecuencias. En tal sentido el cambio climático es un problema muy injusto porque en general, esas comunidades son las que menos gases de efecto invernadero emiten.

A principios del 2020 se reportaron severas inundaciones en Brasil, Egipto, España, Italia e Indonesia.

¿Qué tienen que hacer los Estados para reducir el impacto no solo sobre el cambio climático sino en general sobre las actividades industriales que degradan al ambiente?

La respuesta a esa pregunta podría ser muy extensa, pero trataré de formular una respuesta breve a riesgo de simplificar indebidamente el problema. Debemos reconocer, de entrada, que el cambio climático es un problema de todos no solo de los Estados, todos participamos en la emisión de gases de efecto invernadero, y esto es distinto de la degradación ambiental ocasionada por las industrias, que si tiene un responsable bien definido y que debe apegarse a las leyes ambientales establecidas para poder realizar sus actividades. Si no las cumplen o si estas son insuficientes le corresponde al Estado actuar y aplicar correctivos.

Con respecto al cambio climático, los Estados deberían actuar con la misma determinación con que lo están haciendo contra la pandemia COVID-19, pero no lo hacen, y ello obedece a que solo actúan ante la inminencia del riesgo y no ante su magnitud. Si bien el cambio climático no se manifiesta con tanta celeridad como la pandemia, su magnitud seguramente será mayor.

Creo que podemos aprender de la experiencia que nos está dejando la pandemia, porque de la misma forma en que ésta será controlada, que es con una combinación de desarrollo tecnológico (vacuna y mejores sistemas de salud) y cambio del comportamiento de las personas (lavarse bien las manos, distanciamiento social, confinamiento en casa), el cambio climático también puede enfrentarse con una combinación de cambio tecnológico (energías renovables, reciclaje de residuos, edificios verdes, etc.) y de comportamiento (producción y consumo de bienes en cantidades racionales, eliminación de lo superfluo, ahorro de energía, uso más frecuente del transporte público, reducir los viajes a lugares remotos, etc.)

Respecto a los objetivos para el desarrollo sostenible, ¿qué tan lejos estamos de cumplir con al menos uno de ellos?

La crisis actual es la de un mundo desestabilizado, y las causas fundamentales de esta crisis son dos: la degradación de los ecosistemas y el mal estado de los sistemas de salud. Esas dos razones hacen que seamos muy vulnerables, pero el trasfondo es que tenemos una situación de insostenibilidad. Venimos hablando de desarrollo sostenible desde 1987, es decir, desde hace más de 30 años, y todavía no vemos un avance significativo en esa dirección. Las dos razones que mencioné como causantes de la desestabilización actual reflejan lo mal que estamos en los aspectos ambientales y sociales. Ello debería conducir a una reflexión acerca del modelo de desarrollo prevaleciente que procura un crecimiento económico ilimitado, fundamentado en el productivismo y el consumismo, que no termina de resolver lo social y degrada el ambiente. Sería entonces el momento de pensar e intentar un modelo que produzca solo lo necesario para consumir racionalmente lo indispensable, y así moderar las consecuencias sobre el ambiente. Si el mundo se estuviera desarrollando de manera sostenible, probablemente no hubiera ocurrido la pandemia.

En cuanto a los indicadores, uno de los más importantes es el de la pobreza, que se ha estado reduciendo en las últimas dos décadas según las estadísticas del Banco Mundial y de la Universidad de Oxford. Actualmente 8,6% de la población mundial vive en la pobreza extrema, es decir viven con menos de 1,9 US$ al día, contra 36% en 1999. Sin embargo, la meta de eliminar la pobreza en 2030 no se va a cumplir. Se había estimado que para esa fecha todavía entre 5 y 6% de la población mundial seguiría en pobreza extrema, pero desafortunadamente este estimado tampoco se va a lograr debido a la pandemia del COVID-19 por la recesión económica mundial que está ocasionando. Los países se han visto obligados a invertir enormes sumas de dinero para dotar a sus hospitales y para tratar de proteger algunos de los sectores de la economía, y la mayoría de los países están muy endeudados. Buena parte de esas deudas no podrán ser pagadas, así que se cerrarán comercios y fábricas, se perderán muchos empleos, en consecuencia, inevitablemente va a aumentar el número de pobres, esfumándose así los esfuerzos realizados en los últimos años para reducir la pobreza.

Los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible fueron concertados por la ONU en 2015 como parte de la Agenda 2030 sobre Desarrollo Sostenible.

¿Sigue activo el Panel Intergubernamental del Cambio Climático? ¿Se han manifestado respecto a la pandemia y qué trabajos están realizando actualmente?

Efectivamente, el Panel sigue activo. Este Panel, cuyo objetivo es proporcionar a los países información científica que puedan utilizar para desarrollar políticas climáticas, y aportar información clave para las negociaciones internacionales sobre el cambio climático, se encuentra en este momento trabajando en la elaboración del sexto informe de evaluación del clima.

Los últimos tres informes especiales elaborados por el Panel en 2018 y 2019, que abordaron los temas del calentamiento global hasta 1,5 °C, el cambio climático en tierra y el cambio climático en el océano y la criosfera, ofrecieron a los gobiernos de los países una información detallada acerca de las graves consecuencias del problema y cómo afrontarlas. Se esperaba que los países, en conocimiento de la gravedad de la situación, reforzaran sus compromisos bajo el Acuerdo Internacional de París, durante la COP 25 celebrada en diciembre pasado en Madrid, pero ello no ocurrió. Las razones fueron múltiples: por una parte, el trabajo preparatorio previo de los países en Naciones Unidas para esta COP fue insuficiente, se hizo muy poco lobby diplomático previo debido quizás a los cambios de sede imprevistos, y hubo poca o ninguna voluntad política de parte de algunos gobiernos.

En el presente año entra en vigor el Acuerdo de París, y los países deberán comenzar a cumplir con sus contribuciones y compromisos asumidos, sin embargo, la pandemia ha obligado a posponer las reuniones internacionales que estaban previstas, tanto la COP26 contemplada en Glasgow para finales del presenta año, como las reuniones del Panel para avanzar el 6to informe. En síntesis, la pandemia retrasará la coordinación de los esfuerzos para luchar contra el cambio climático, y probablemente la recesión económica resultante reducirá los recursos destinados para tal fin, lo cual incidirá en las actividades del Panel, pero es aún muy temprano para determinar en qué medida.

*Para quienes quieran conocer más de las actividades e investigaciones del Dr. Juan Carlos Sánchez pueden visitar su web: http://verdelatierra.com/

Flujos de detritos de Tiquipaya: la reincidencia en los errores

En el año 2018 realizamos una investigación titulada “Identificación de procesos asociados a la generación de flujos de detritos en Tiquipaya” a raíz de los desastres producidos en esa región del departamento de Cochabamba en Bolivia durante el mes de febrero de 2018, este trabajo fue presentado en el Congreso Geológico de Chile del 2018 y en el Foro Internacional de Gestión de Riesgos de Desastres celebrado en Ecuador en noviembre de 2019, en el cual se analizaban las condiciones ambientales y los procesos antropogénicos que incidían negativamente sobre el Parque Nacional Tunari.

Entre estas condiciones y procesos se incluían el aumento de la presión urbana en los límites del parque, la elevación del número de incendios al año, la reducción de áreas boscosas, la intensificación de procesos erosivos y extractivos, la generación de diques naturales, la ocupación de áreas naturales de inundación y el aumento extraordinario de la pluviosidad.

El Parque Nacional Tunari sufre una elevada presión urbana en la que nuevas ocupaciones se instalan en sitios donde se localizan abanicos aluviales (flechas azules), constituyendo una situación de riesgo debido al continuo aporte de material en estas zonas. Parte del trabajo de investigación realizado por Sobreriesgos.

Desafortunadamente, los mismos procesos que se señalaron en ese trabajo se mantienen presentes, y en muy breve lapso han contribuido en la materialización de un nuevo desastre, el cual ocurre en el mismo mes a dos años de la pasada tragedia, y que en el registro histórico incluido en la investigación citada ya reflejaba eventos similares en los años 2013, 2015, 2016 y 2017, además del abordado en el trabajo del 2018. En esta última ocasión, la zona más afectada fue Molle Molle Noreste, en el distrito 5 de Tiquipaya (foto del encabezado cortesía del Ing. David Suntura).

Efecto de los flujos de detritos producidos en el 2020. Fuente. diario La Razón.

Ante una frecuencia tan elevada es más que necesario cuestionarse, es ¿si la población que reside en las zonas afectadas percibe adecuadamente los riesgos ambientales?, ¿las gestiones gubernamentales municipales y departamentales han gestionado la problemática de manera correcta?, ¿cuántas veces deben repetirse estos eventos para que se trabaje en la prevención de los desastres?

Es claro que este es un escenario complejo en el que se ha reincidido en una conducta reactiva sobre la preventiva, y que no se han corregido de fondo las causas por lo cual las consecuencias son muy similares, por lo que los errores se siguen repitiendo. Pero lo que más habría que lamentar es que los recursos invertidos en tareas para la recuperación como son la remoción de fango, la reparación de vías y torrenteras, la atención a damnificados y la reparación de viviendas, ha podido invertirse en mantener los cauces limpios, reforestar las áreas verdes, construir represas para control de sedimentos, capacitar a la población e implementar sistemas de alerta temprana, en general, en prevención, lo cual además de ser más redituable también protege a la población y reduce los gastos en acciones reactivas.

*Agradecimiento especial por el registro fotográfico y datos al Ing. David Suntura.

Lecciones aprendidas sobre desastres en obras subterráneas

El pasado mes de octubre (2019) se realizó en la ciudad de Lima el VIII Congreso Latinoamericano de obras subterráneas, en el cual Sobreriesgos presentó la conferencia “Lecciones aprendidas sobre desastres en obras subterráneas”, la cual versó sobre los aspectos ligados a la ocurrencia de eventos adversos suscitados en proyectos con túneles, tanto en su etapa constructiva como son los casos del Hawk´s Nest tunnel project (EEUU, 1936) y el colapso del túnel auxiliar de Hidroituango (Colombia, 2018-2019), como en la operación, exponiendo los incendios del túnel de Mont Blanc (Francia, 1999) y el túnel de Kaprun (Austria, 2000), y el colapso de las minas en Pasta de Conchos (México, 2006).

Los aspectos señalados en la conferencia definen que para que un desastre se produzca se tendrán factores condicionantes y determinantes que establecerán la susceptibilidad de la obra, y que al momento de introducir un factor detonante materializaría al desastre; la identificación oportuna de estos tres tipos de factores y del que gobierne a los demás, permitirá incidir sobre él formulando acciones para su mitigación o control, las cuales van desde un rediseño de un elemento o de todo el proyecto, la prevención a través de la instalación de sistemas de monitoreo e incluso un plan de capacitación dirigido a los trabajadores.

Los túneles son proyectos complejos que requieren de una adecuada caracterización y de controles para asegurar su estabilidad, además deben contar con la instrumentación y protocolos para que funcione adecuadamente durante su puesta en operación, sin embargo, la gestión de riesgos es un aspecto que poco se incluye dentro de la planificación constructiva u operativa de las obras subterráneas, teniendo que las fallas más comunes están relacionadas a la ocurrencia de procesos ambientales no conocidos o extraordinarios, fallas estructurales y fallas funcionales.

Desarrollo de la conferencia presentada por Sobreriesgos en el VIII Congreso Latinoamericano de Obras Subterráneas

Las labores asociadas a la excavación de los túneles en el caso de los mineros y los hidroeléctricos, la interacción de los procesos naturales, las actividades antrópicas y el funcionamiento del equipamiento tecnológico en los viales, pueden constituir variables a menudo no consideradas que pueden comprometer la integridad tanto del túnel en sí como de quiénes los utilizan o trabajan en ellos, lo cual también puede incidir en el ambiente como en la inversión financiera que representa la obra construida, la obra por ejecutar o las reparaciones que sean necesarias.

Acciones para la reducción del riesgo de desastres en obras subterráneas, parte de la conferencia presentada por Sobreriesgos

Vale destacar la relevancia regional que eventos como el Congreso Latinoamericano de Obras Subterráneas, en este caso su VIII edición, contribuyen a elevar la práctica profesional en una rama de tantos desafíos como la ingeniería de túneles, siendo el espacio donde investigadores y constructores comparten sus experiencias y el resultado de sus trabajos, lo que lleva a la ingeniería a asumir nuevos desafíos, la próxima cita de este importantísimo evento será en el mes de diciembre de 2020.

Para concluir es importante señalar que no deben escatimarse recursos destinados a realizar estudios prospectivos y complementarios que permitan reducir la incertidumbre de los proyectos subterráneos, porque es más rentable prevenir un evento adverso que corregirlo, aprendamos de los desastres, ¡para no tener que reconstruirlos!

 

*Si desea obtener la presentación de esta conferencia solicítela por este medio.

Reflexiones sobre los incendios forestales en el Amazonas central

Escribir sobre los grandes y recientes incendios forestales en el amazonas central entre Bolivia y Brasil, requería de un tiempo prudente para considerar el efecto complejo de un desastre de tan gran magnitud, el cual no se limita a la inmensa combustión de biomasa y los consecuentes incrementos de gases contaminantes en la atmósfera, sino que se proyecta en la irremediable pérdida de recursos compartidos y el beneficio que los mismos aportaban a todo el planeta.

Si algo ha dejado en claro el manejo del desastre representado por los incendios en la amazonia central es la prevalencia del carácter reactivo sobre el preventivo en la implementación de acciones de respuesta; de una respuesta sub-dimensionada y armada prácticamente de voluntad espontánea pero sin herramientas ni coordinación; de la irresponsable toma de decisiones divorciada de un análisis de los impactos ambientales de las intervenciones sobre áreas sensibles; del mantenimiento de prácticas insostenibles y totalmente nocivas  como el chaqueo* por parte de sectores de la comunidad,  que son justificadas por ser parte de un “acervo cultural ancestral”; de la falta de compromiso de los estados en asumir acciones correctivas necesarias que implican altos costos políticos; y mientras todo lo descrito se desarrolla, la selva amazónica arde.

Un singular aspecto presente en tragedias como las referidas, es la abrumadora insensibilidad pública, que ve en estos hechos sucesos aislados, ajenos a su interés y al espacio físico en el que hacen su vida, que incluso, dan pie a un ánimo “odiador” ante quien compartía información sobre los incendios ante la falta de cobertura mediática necesaria para una mayor presión ante los tomadores de decisiones. Tal vez el incremento de dióxido de carbono en el aire no solo degrada la calidad de esta mezcla de gases necesaria para la vida, sino que intoxica la racionalidad de la opinión pública.

El registro de la ocurrencia de incendios forestales en el amazonas central en la región amazónica compartida entre Bolivia y Brasil sobrepasa los 80.000, la cifra de hectáreas consumidas por el fuego aumenta a diario, el número de especies vegetales y animales que han perecido solo puede estimarse en aproximaciones que seguramente se quedan cortas, en lo que ha sido el más duro golpe a la biodiversidad sudamericana y el mayor agente intensificador de los procesos de degradación ambiental regional.

Nuestras selvas no solo son nuestros almacenes de carbono, también son la fuente de recursos que administrados racionalmente permiten mejorar la calidad de vida no solo del hombre, sino de millones de especies que cohabitan en las regiones perimetrales a las mismas, es un daño tan desproporcionado el que ha ocurrido que difícilmente podríamos ponerle un precio, pero que sin duda, todas las generaciones (aun las no nacidas) tendrán que pagar. Tal vez entre las especies desconocidas de la selva existió aquella planta con propiedades curativas que hasta podría vencer al cáncer u otras enfermedades, o especies endémicas que desaparecieron sin siquiera haber conocidas, pero difícilmente podremos saberlo ya.

Incendios forestales en la región amazónica central vistos desde el espacio. Foto: NASA-EOSDIS.

Nos queda entender, que el fuego inició por la mezcla de muchos de los actores descritos líneas arriba, y entender, que estos mismos actores siguen presentes en la cotidianidad, que si deseamos evitar desastres como el ocurrido, necesariamente debemos implementar acciones que ya de por sí son tardías, pero siguen siendo requeridas, porque parte del problema fue la respuesta demorada de en quienes se delegó la responsabilidad de administración y defensa territorial, pues no es igual combatir una llama incipiente en su inicio, que un insaciable monstruo de fuego como el que ha devastado la selva chiquitana.

Incendio en el amazonas central brasileño. Foto: Ricardo Moraes, Reuters.

La última reflexión que consideramos importante compartir es: que debe asimilarse que la gestión de riesgos es parte de la gestión ambiental, y esta lo es de la gestión política, siendo esta última la que define el modelo de desarrollo que las naciones y sus pueblos se fijan seguir, lo que implica que a muchos niveles se comparte la responsabilidad sobre la construcción de desastres como el incendio amazónico, incendio tan preocupante como los ocurridos en otras latitudes, y que en este caso, como en otros, pudo evitarse, porque si un desastre es evitable sobre muchos son justamente los incendios forestales, pues la mayoría de ellos, son provocados.

 

*El chaqueo o quema de pastizales son prácticas ancestrales y tradicionales en el territorio boliviano que reciben otras denominaciones en el resto de Latinoamérica, cuyo objeto es el avance de la frontera agrícola.

XV Congreso Geológico Chileno: Concepción 2018

El 2018 nos permitió participar en eventos de gran importancia sobre ingeniería y geociencias en Bolivia, Perú y Chile, entre ellos el Congreso Geologico Chileno siendo todos estos espacios lugares propicios para la divulgación e intercambio de conocimientos.

Chile …

En el mes de noviembre asistimos al Congreso Geológico Chileno, en la Universidad de Concepción, allí presentamos un poster en el tópico de vulcanología y dos disertaciones sobre gestión de riesgo de desastres y movimientos en masa.

Poster del congreso
Poster del Congreso Geológico Chileno.

Avanzando de la visión habitual de la gestión del riesgo de desastres en Latinoamérica hacia una perspectiva efectiva en prevención y reducción de riesgos

Iniciamos nuestra participación en el Congreso Geológico Chileno con la presentación del trabajo: Avanzando de la visión habitual de la gestión del riesgo de desastres en Latinoamérica hacia una perspectiva efectiva en prevención y reducción de riesgos, en el cual se postuló una visión actualizada sobre el abordaje técnico y científico de la gestión de riesgos, promoviendo un enfoque más prospectivo en la aplicación de las ciencias ingenieriles, reemplazando el enfoque reaccionista habitual en la región.

Identificación de procesos asociados a la generación de flujos de detritos en las cuencas del parque nacional Tunari

También presentamos el trabajo titulado: Identificación de procesos asociados a la generación de flujos de detritos en las cuencas del parque nacional Tunari (Bolivia), en el cual se describieron los elementos que participaron en la generación de movimientos en masa con consecuencias adversas en esta región de Bolivia, así como el análisis geológico-geomorfológico-antropogénico del desastre ocurrido en febrero del año 2018.


Presentación de conferencia en la sesión de movimientos en masa.

Volcanes Americanos: de la supervivencia a la coexistencia

Por último, se realizó la exposición en modalidad poster del tema Volcanes Americanos: de la supervivencia a la coexistencia, en el que se destacaron los aspectos positivos de la presencia de los volcanes desde el punto de vista energético, minero, geoturístico, agrícola entre otros.

Todos estos temas, relevantes en el universo geocientífico, pero con pertinencia para toda la ciudadanía.

Exposición del poster

Exposición de poster en sesión de vulcanología.

SOBRERIESGOS mantendrá durante el 2019 una participación activa en eventos de investigación y divulgación científica vinculados a la ingeniería aplicada de alto nivel , la gestión de riesgos y la adaptación al cambio climático.

La Prevención Sísmica: Responsabilidad Compartida para evitar Desastres.

En tiempo reciente, sismos de diversas magnitudes se han generado en toda Latinoamérica, de los cuales muchos han sido solo perceptibles por equipos sismo-métricos, otros porque han ocasionado daños severos en regiones de países como Ecuador, México y Perú. Pese a esta realidad, la prevención sísmica sigue sin ocupar el lugar que requiere en la región como estrategia de reducción de riesgos de desastre sísmico.

Una frase muy conocida del escritor y periodista Mexicano Juan Villoro dice… «Los terremotos son los inspectores de la honestidad arquitectónica, hacen la auditoria que jamás hará el gobierno», deja en claro una realidad generalizada en la ingeniería urbana, pues son muchas las edificaciones que no fueron realizadas siguiendo especificaciones técnicas y colapsan al ocurrir los sismos.

Algunas edificaciones colapsan por ser de vieja data y no hacer sido acondicionadas a criterios de sismorresistencia actuales, por lo que no cumplen con las normativas vigentes en la materia; otras por ser producto de la auto-construcción (procesos informales de edificación en comunidades populares) así como por el empleo de materiales no regulados, y un último grupo de edificaciones que fallan por haber carecido de diseños óptimos y ser edificadas siguiendo métodos constructivos deficientes , lo cual las puede colocar en el mismo grupo de las primeras, teniendo como agravante en común, el hecho de la ocurrencia de omisiones involuntarias o muy voluntarias (la corrupción en un agente potenciador de desastres muchas veces ignorado) por parte de los entes competentes para fiscalizar overificar la situación de todas estas clases.

Otra muy pertinente  reflexión que aprendí del Dr. Ronald Torres (catedrático de la Universidad Central de Venezuela), señala que «existen dos tipos de estructuras: las que se diseñan y las que se caen», lo que nuevamente deja en claro que la problemática con la ocurrencia de los fenómenos sísmicos no radica en los eventos en sí, sino que se orienta más a la vulnerabilidad de nuestras edificaciones, aunado a otros tipos de vulnerabilidad, asociadas con el territorio, condiciones socio-económicas y políticas.

Acerca de la vulnerabilidad estructural, son muchos los centros de investigación que han realizado estudios sobre la interacción entre los medios roca-suelo-estructura y el desempeño de materiales (estudios reológicos, diseños sismorresistentes, etc.), además de estudios que se enfocan en la caracterización de la amenaza sísmica (microzonificación sísmica, levantamiento de registros históricos sísmicos), como de la conducta de la sociedad en diferentes momentos, asociados a la ocurrencia de sismos destructivos. Pero todos estos apuntan al mismo objetivo: prevenir la materialización de los desastres.

La prevención sísmica cuenta entonces con diferentes aristas, siendo que cada ciudadano, desde su área de conocimiento o de acción, puede aportar a desarrollar y fortalecer la prevención:

Por un lado los investigadores profundizando sus estudios y  difundiéndolos; los gremios y sociedades de ingenieros promoviendo la implementación de buenas prácticas, actualizando las normativas técnicas y exigencias constructivas; las universidades desarrollando programas de extensión para reeducar a los constructores populares; los educadores a todo nivel impartiendo la enseñanza sobre el entendimiento de los fenómenos sísmicos, el reconocimiento de las potencialidades y regulaciones naturales de los territorios, y practicas de autoprotección; y las instituciones del estado implementado políticas públicas orientadas a la prevención sísmica, consolidando a los organismos de respuesta a través del equipamiento y entrenamiento requerido para el despliegue adecuado en situaciones de emergencia, instruyendo la generación de planes de contingencia y mejoramiento de la seguridad de las líneas vitales, y de manera prioritaria, favoreciendo la constitución de mecanismos que contribuyan a la transparencia en la inspección y certificación de la seguridad estructural de edificaciones existentes y proyectos a desarrollar.

La prevención sísmica, al igual que la prevención en otras áreas, mientras más oportuna sea, resulta más eficaz, en la medida que permita instaurar conductas que hagan más consciente a la ciudadanía en la adopción de hábitos de autoprotección, dejando a un lado además a la informalidad urbanística la falta de planificación. Finalmente, es fundamental que el estado y la sociedad en estrecha cooperación, comprendan, que la inversión en la prevención, disminuye significativamente la posibilidad de ocurrencia de desastres, los cuales tienen un impacto económico contundente que constituyen obstáculos y conllevan al retroceso del desarrollo productivo territorial.

Tecnología para Mitigación de Riesgo de Desastres con Sedimentos usada en Japón

Modificado de trabajo presentado por Miguel Ángel Morales Collazos en las XIII Jornadas de Ambiente y Desarrollo CIDIAT-ULA (Venezuela, 2014).

La especial condición de Japón respecto a la exposición a procesos naturales (intensas precipitaciones, alta actividad sísmica y volcánica, etc.) capaces de transformarse en desastres tales como tifones, erupciones volcánicas, sismos, tsunamis, movimientos en masa, con un amplio registro de eventos adversos a lo largo de la historia, ha obligado a esta nación a desarrollar tecnología para hacer frente a una considerable variedad de riesgos.

Sus avances en  mitigación y reducción de riesgos de desastres son notables, lo cual se manifiesta con una progresiva y significativa reducción del número de muertes y pérdidas materiales, y una gran capacidad de recuperación económica posterior a los efectos de los desastres que lo han afectado.

Específicamente la tecnología denominada «Sabo«, aplicada a la mitigación de riesgos de desastres con sedimentos es de especial interés para Latinoamérica, debido a la alta recurrencia de fenómenos hidro-geodinámicos que se han materializado en desastres recientemente en nuestra región (La Guaira-Venezuela, 1999; Huauchinango-México, 2016; Mocoa-Colombia, 2017; Tiquipaya-Bolivia, 2018 entre otros).

Las obras Sabo se clasifican generalmente en tres grupos, referidos a trabajos para la prevención de desastres causados por flujo de detritos a través de la conservación de áreas montañosas; a la prevención de deslizamiento de tierras; y a la prevención de desastres por fallas o colapsos en laderas inclinadas.

   Presa abierta para captación de troncos.

La geología, la hidro-meteorología, la educación para la prevención, los modelos hidráulicos y la ingeniería forestal entre otras  herramientas integran la tecnología Sabo, que es implementada desde hace muchos años en Japón, cuyo mayor desafío consiste en monitorear y pronosticar con mayor precisión el efecto de los procesos naturales y antropogénicos, aplicando un control sobre estos con sistemas estructurales y no estructurales que operan en conjunto.

La filosofía y principios de las obras Sabo pueden adaptarse e implementarse a las condiciones de países latinoamericanos, partiendo de la comparación de las medidas aplicadas en estos con las experiencias de Japón, al igual que este país asiático desarrolló su tecnología a partir del intercambio cultural y científico con expertos europeos (especialmente holandeses y austriacos) hasta tomar una posición de vanguardia a nivel mundial en la materia. La existencia de un marco internacional para la cooperación técnica debe ser aprovechada por Latinoamérica.

En el año 1897 se promulgó en Japón la Ley Sabo, para el control del agua y sedimentos, para regular los procesos perjudiciales en las áreas Sabo-designadas y mejorar las instalaciones Sabo (http://www.sabo-int.org/law/japan.html). Posteriormente, en 1958 se promulgó la Ley de Prevención de Deslizamientos, con el objetivo de prevenir los desastres relacionados con estos movimientos en masa, y contribuir con la conservación de la tierra y la protección de los ciudadanos. Otras leyes han sido también creadas e implementadas en Japón, las cuales operan de forma conjunta a la implementación de las obras Sabo, cumpliendo una necesaria función regulatoria.

Uno de los pilares de la tecnología Sabo corresponde al modelado y caracterización de los flujos que pueden generarse en cauces asociados a terrenos en altas pendientes, para diseñar estructuras de control de erosión, transporte y canalización de sedimentos, separar las fases fluida y solida de los torrentes, monitorear y alertar sobre la generación de desplazamientos en masa peligrosos. Sabo funciona como un sistema encadenado, pudiendo contar con estructuras para el mismo fin con distintas dimensiones, o diferentes dispositivos que produzcan un efecto integrado en la reducción del riesgo de ocurrencia de daños asociados a la denudación, movimiento y depositación de grandes cantidades de sedimentos.

Las presas Sabo pueden adaptarse armónicamente al entorno.

Lo descrito previamente debe incluirse en los planes de manejo integrados de cuencas, y programas de recuperación forestal de las mismas, en especial cuando estas se asocian a zonas de aprovechamiento hidroeléctrico, minero, agrícola o silvícola, así como en entornos rurales y urbanos intervenidos.

Influencia Antropogénica de los Desastres con Sedimentos y su Desarrollo

Trabajo presentado por Miguel A. Morales Collazos en el IV Simposio Panamericano de Deslizamientos. Paipa, Boyacá/Colombia, 2012.

Resumen

Los desastres deben abordarse como consecuencia de procesos naturales e inducidos, cuya resultante es la afectación profunda, directa e indirecta a actividades económicas de la población y su calidad de vida; por lo que se consideran problemas ambientales construidos socialmente. Casos simbólicos como los aludes torrenciales que afectaron a El Limón (Estado Aragua, 1.987) a La Guaira (Estado Vargas, 1.999) en Venezuela, entre otros, tienen en común la integración de procesos físicos capaces de transformarse en amenazas y el emplazamiento y crecimiento de comunidades vulnerables y de baja resiliencia. La respuesta institucional a estos eventos ha sido tradicionalmente reactiva más que preventiva. El objeto de este trabajo es valorar la influencia de la intervención humana en el aumento de la vulnerabilidad y la catálisis negativa de las amenazas que han llevado a los desastres con sedimentos como consecuencia derivada de los fenómenos hidrometeorológicos, a representar las más altas cifras en daños y pérdidas económicas en los países latinoamericanos.

1. Los desastres con sedimentos en latino-américa.

Anualmente los daños producidos por los desastres vinculados a eventos hidrometeorológicos generan una des-aceleración en el desarrollo de las naciones debido al impacto económico y social de sus efectos. Para Venezuela y Colombia la proporción de afectaciones relacionadas con estos fenómenos ronda el 90%, dentro de la cual los desastres por sedimentos representan una elevada cifra con tendencia al aumento. Conocidos casos como el de Armero (Tolima, 1985),  El Barrio La Gabriela  (Antioquia 2.010) en Colombia, El Limón (Aragua, 1.987) (ver figura 1) y La Guaira (Vargas, 1.999) han conjugado escenarios con elementos en común, tales como procesos físicos recurrentes con capacidad transformadora y comunidades vulnerables con poca o ninguna preparación. La tendencia actual sobre la gestión de los riesgos de desastres en los países latinoamericanos es francamente reactiva, pero con un tímido creciente interés en la respuesta preventiva ante estos fenómenos.

Existe una responsabilidad compartida entre gobiernos y comunidades, en cuanto a los procesos de construcción de riesgos, particularmente del riesgo de desastres con sedimentos, lo cual  se manifiesta en la consolidación de asentamientos humanos espontáneos en lugares no aptos desde perspectivas ambientales, constructivas y sociales configurando sistemas de baja resiliencia, que al materializarse las amenazas provocan daños profundos en los mismos, como colapsos de viviendas, pérdida de infraestructuras, inhabilitación de servicios, personas heridas y muertas e impactos severos a las economías locales, regionales y nacionales.

Figura 1. Imagen del desastre de El Limón (Aragua 1987), que muestra los estragos que produjo el flujo de detritos en este estado centro-occidental de Venezuela.

2.  La construcción del riesgo.

El cambio climático ha  provocado alteraciones en procesos físicos como las lluvias y las sequías, pero a esto ha de añadirse la cada vez menos controlada intervención humana sobre laderas, cauces y zonas de depositación natural de sedimentos. Acciones como la modificación de la topografía, la construcción de taludes verticalizados, el mal manejo de los efluentes domésticos y las escorrentías, la auto-construcción no regulada, la disposición de desechos sólidos, la reducción de coberturas vegetales, inciden en forma agresiva sobre los procesos físicos, por lo que el aporte antropogénico a la potenciación de los riesgos de desastres con sedimentos y su materialización es no solo relevante sino decisivo.

Un ejemplo es el caso de la degradación que sufren las rocas en taludes intervenidos que han sido poblados y donde no existen redes formalmente constituidas para el manejo de los efluentes domésticos, sino que se utiliza el vertido directo de estos a los terrenos o pozos sépticos de dudosa calidad, que representan aportes constantes de material orgánico que descompone las rocas y debilita los suelos, de forma más lenta pero más intensa que las propias precipitaciones. El ejemplo expuesto es uno de tantos casos en los que no se ha medido las consecuencias a corto y mediano plazo de acciones humanas aparentemente irrelevantes.

El mal manejo de los desechos sólidos, que en la mayoría de los países latinoamericanos es un problema ambiental grave, comúnmente tiene impacto en los cauces de los cursos de agua, atribuyéndose a la disposición de estos en las cercanías de los afluentes y los sistemas de drenaje su colapso y el desbordamiento de quebradas y ríos. Es común también el emplazamiento de asentamientos humanos en los abanicos aluviales ó conos de deyección, siendo estos espacios naturales para la acumulación de sedimentos. No es en vano que las zonas con mayor vulnerabilidad expuestas a amenazas tangibles, son aquellas donde el crecimiento y “no” el desarrollo planificado han imperado, teniendo como determinante y detonante recurrente de desastres al propio ser humano. El ser humano fomenta sistemas vulnerables, y cada vez de forma más indolente impacta en el ambiente. Los procesos erosivos son de los más impactados antropogénicamente.

3.  Ingeniería aplicada al manejo del riesgo de desastres con sedimentos.

La geotecnia como rama de la geología aplicada, tiene herramientas para además de corregir problemas participar en la prevención de los riesgos de desastres y su mitigación. Las oficinas técnicas de instituciones públicas como la Protección Civil tienen la competencia en evaluación de riesgos, sin embargo, son múltiples las limitaciones con las que lidian estos organismos, entre ellas el recurso humano disponible.

Con todo y esto, son numerosas las posibilidades para el desarrollo de estrategias apoyadas en la aplicación de conocimientos técnicos e ingenieriles, que contribuyan a la identificación y reducción de riesgos de desastres, en el caso de interés, siendo clave para la consecución de su cometido la participación ciudadana.

A) La zonificación cartográfica de los procesos activos, terrenos inestables y elementos vulnerables, permite de forma general pero en escalas razonables, la jerarquización de las amenazas sobre las comunidades, en estos trabajos la comunidad puede participar activamente, trabajos bastante óptimos fueron realizados y aplicados por el proyecto PRECUPA en Ecuador entre los años 1994 y 1998 (Basabe, 2004).

B) El registro histórico de eventos locales con datos relativos a ubicación específica, precipitación, daños generados, acciones efectuadas, son de gran valor para la caracterización fenomenológica de los escenarios de desastre, una clase especial y correspondiente a los desastres con sedimentos son los inventarios de movimientos en masa, que se constituyen en un registro ordenado de la localización y las características individuales de una serie de movimientos en un área dada (GEMMA, 2007).

C) El uso de los sistemas de alerta temprana tanto los tecnológicos como sus equivalentes artesanales pueden brindar el tiempo necesario para la respuesta reactiva organizada como para el monitoreo preventivo requerido de aquellos eventos con desarrollos graduales, y también en su utilización es viable la participación de la ciudadanía.

E) La regulación de los procesos de auto-construcción, bien por medio de la capacitación técnica, procesos de contraloría locales que operen a la par de la restricción de espacios no aptos para fines específicos y la reubicación parcial o total de comunidades, que puede apoyarse de investigaciones como los estudios de microzonificación sísmica. Esta alternativa requiere de una óptima caracterización técnica, voluntad política, políticas públicas y cooperación de los ciudadanos, del caso venezolano se cita la  guía de identificación de problemas geotécnicos vinculados con la existencia de viviendas en terrenos inestables o potencialmente inestables (ver figura 2). En este punto también deben destacarse estudios tan valiosos y versátiles como los Planes de Ordenamiento del Territorio y Planes de Desarrollo Urbano, que definen el uso adecuado para cada unidad espacial y su aprovechamiento racional a futuro.

Figura 2. Portadas de la guía elaborada y utilizada por la Protección Civil del Estado Miranda.

4.  Aumento de los desastres con sedimentos.

El aumento al cual se hace referencia no solo es en número sino en su severidad, con el crecimiento poblacional y la intensificación de los fenómenos naturales se van extendiendo los escenarios en los cuales estos eventos pueden ocurrir, cada vez son más las cuencas intervenidas hacia sus partes altas y se densifican mayormente las áreas ya ocupadas, un factor importante es la modificación de las redes naturales de drenaje y el incremento en el transporte de sedimentos.

En la actualidad, el patrón de las precipitaciones en Venezuela ha tenido las siguientes características: lluvias cortas, muy intensas y frecuentes, esto define efectos significativos, como la saturación temprana de suelos, las denominadas “Flash floods” y variaciones en los niveles freáticos de los terrenos, con incidencia estrecha en la generación de deslizamientos. Comparativamente, en desastres como el de “El Limón” (1.987) y La Guaira (1.999), las condiciones hidrometeorológicas definieron precipitaciones casi continuas por largos lapsos, que superaron con creces los registros más altos tenidos para cada momento. Fueron entonces fenómenos extraordinarios, que encontraron sistemas condicionados y de baja resiliencia, propicios para descargar toda su potencia transformadora.

De los tres tipos generales de movimientos en masa; deslizamientos, fallas de talud y flujos de detritos, son estos últimos los que han dejado huellas más trágicas en la historia y son los que a menor escala territorial pero en entornos más urbanizados se vienen presentando con mayor regularidad.

REFERENCIAS

Basabe, P., (2004). “Landslide risk reduction in Ecuador: from policy to practice”. p. 279-288.

Morales, M. (2011). “Guía para la identificación de problemas geotécnicos asociados a viviendas en terrenos inestables y potencialmente inestables. Venezuela.

GEMMA, (2007). “Movimientos en masa en la región andina: una guía para la evaluación de amenazas”. p. 87-105.