23 agosto 2019

XV Congreso Geológico Chileno: Concepción 2018

El 2018 nos permitió participar en eventos de gran importancia sobre ingeniería y geociencias en Bolivia, Perú y Chile, entre ellos el Congreso Geologico Chileno siendo todos estos espacios lugares propicios para la divulgación e intercambio de conocimientos.

Chile …

En el mes de noviembre asistimos al Congreso Geológico Chileno, en la Universidad de Concepción, allí presentamos un poster en el tópico de vulcanología y dos disertaciones sobre gestión de riesgo de desastres y movimientos en masa.

Poster del congreso
Poster del Congreso Geológico Chileno.

Avanzando de la visión habitual de la gestión del riesgo de desastres en Latinoamérica hacia una perspectiva efectiva en prevención y reducción de riesgos

Iniciamos nuestra participación en el Congreso Geológico Chileno con la presentación del trabajo: Avanzando de la visión habitual de la gestión del riesgo de desastres en Latinoamérica hacia una perspectiva efectiva en prevención y reducción de riesgos, en el cual se postuló una visión actualizada sobre el abordaje técnico y científico de la gestión de riesgos, promoviendo un enfoque más prospectivo en la aplicación de las ciencias ingenieriles, reemplazando el enfoque reaccionista habitual en la región.

Identificación de procesos asociados a la generación de flujos de detritos en las cuencas del parque nacional Tunari

También presentamos el trabajo titulado: Identificación de procesos asociados a la generación de flujos de detritos en las cuencas del parque nacional Tunari (Bolivia), en el cual se describieron los elementos que participaron en la generación de movimientos en masa con consecuencias adversas en esta región de Bolivia, así como el análisis geológico-geomorfológico-antropogénico del desastre ocurrido en febrero del año 2018.


Presentación de conferencia en la sesión de movimientos en masa.

Volcanes Americanos: de la supervivencia a la coexistencia

Por último, se realizó la exposición en modalidad poster del tema Volcanes Americanos: de la supervivencia a la coexistencia, en el que se destacaron los aspectos positivos de la presencia de los volcanes desde el punto de vista energético, minero, geoturístico, agrícola entre otros.

Todos estos temas, relevantes en el universo geocientífico, pero con pertinencia para toda la ciudadanía.

Exposición del poster

Exposición de poster en sesión de vulcanología.

SOBRERIESGOS mantendrá durante el 2019 una participación activa en eventos de investigación y divulgación científica vinculados a la ingeniería aplicada de alto nivel , la gestión de riesgos y la adaptación al cambio climático.

La Prevención Sísmica: Responsabilidad Compartida para evitar Desastres.

En tiempo reciente, sismos de diversas magnitudes se han generado en toda Latinoamérica, de los cuales muchos han sido solo perceptibles por equipos sismo-métricos, otros porque han ocasionado daños severos en regiones de países como Ecuador, México y Perú. Pese a esta realidad, la prevención sísmica sigue sin ocupar el lugar que requiere en la región como estrategia de reducción de riesgos de desastre sísmico.

Una frase muy conocida del escritor y periodista Mexicano Juan Villoro dice… «Los terremotos son los inspectores de la honestidad arquitectónica, hacen la auditoria que jamás hará el gobierno», deja en claro una realidad generalizada en la ingeniería urbana, pues son muchas las edificaciones que no fueron realizadas siguiendo especificaciones técnicas y colapsan al ocurrir los sismos.

Algunas edificaciones colapsan por ser de vieja data y no hacer sido acondicionadas a criterios de sismorresistencia actuales, por lo que no cumplen con las normativas vigentes en la materia; otras por ser producto de la auto-construcción (procesos informales de edificación en comunidades populares) así como por el empleo de materiales no regulados, y un último grupo de edificaciones que fallan por haber carecido de diseños óptimos y ser edificadas siguiendo métodos constructivos deficientes , lo cual las puede colocar en el mismo grupo de las primeras, teniendo como agravante en común, el hecho de la ocurrencia de omisiones involuntarias o muy voluntarias (la corrupción en un agente potenciador de desastres muchas veces ignorado) por parte de los entes competentes para fiscalizar overificar la situación de todas estas clases.

Otra muy pertinente  reflexión que aprendí del Dr. Ronald Torres (catedrático de la Universidad Central de Venezuela), señala que «existen dos tipos de estructuras: las que se diseñan y las que se caen», lo que nuevamente deja en claro que la problemática con la ocurrencia de los fenómenos sísmicos no radica en los eventos en sí, sino que se orienta más a la vulnerabilidad de nuestras edificaciones, aunado a otros tipos de vulnerabilidad, asociadas con el territorio, condiciones socio-económicas y políticas.

Acerca de la vulnerabilidad estructural, son muchos los centros de investigación que han realizado estudios sobre la interacción entre los medios roca-suelo-estructura y el desempeño de materiales (estudios reológicos, diseños sismorresistentes, etc.), además de estudios que se enfocan en la caracterización de la amenaza sísmica (microzonificación sísmica, levantamiento de registros históricos sísmicos), como de la conducta de la sociedad en diferentes momentos, asociados a la ocurrencia de sismos destructivos. Pero todos estos apuntan al mismo objetivo: prevenir la materialización de los desastres.

La prevención sísmica cuenta entonces con diferentes aristas, siendo que cada ciudadano, desde su área de conocimiento o de acción, puede aportar a desarrollar y fortalecer la prevención:

Por un lado los investigadores profundizando sus estudios y  difundiéndolos; los gremios y sociedades de ingenieros promoviendo la implementación de buenas prácticas, actualizando las normativas técnicas y exigencias constructivas; las universidades desarrollando programas de extensión para reeducar a los constructores populares; los educadores a todo nivel impartiendo la enseñanza sobre el entendimiento de los fenómenos sísmicos, el reconocimiento de las potencialidades y regulaciones naturales de los territorios, y practicas de autoprotección; y las instituciones del estado implementado políticas públicas orientadas a la prevención sísmica, consolidando a los organismos de respuesta a través del equipamiento y entrenamiento requerido para el despliegue adecuado en situaciones de emergencia, instruyendo la generación de planes de contingencia y mejoramiento de la seguridad de las líneas vitales, y de manera prioritaria, favoreciendo la constitución de mecanismos que contribuyan a la transparencia en la inspección y certificación de la seguridad estructural de edificaciones existentes y proyectos a desarrollar.

La prevención sísmica, al igual que la prevención en otras áreas, mientras más oportuna sea, resulta más eficaz, en la medida que permita instaurar conductas que hagan más consciente a la ciudadanía en la adopción de hábitos de autoprotección, dejando a un lado además a la informalidad urbanística la falta de planificación. Finalmente, es fundamental que el estado y la sociedad en estrecha cooperación, comprendan, que la inversión en la prevención, disminuye significativamente la posibilidad de ocurrencia de desastres, los cuales tienen un impacto económico contundente que constituyen obstáculos y conllevan al retroceso del desarrollo productivo territorial.

Tecnología para Mitigación de Riesgo de Desastres con Sedimentos usada en Japón

Modificado de trabajo presentado por Miguel Ángel Morales Collazos en las XIII Jornadas de Ambiente y Desarrollo CIDIAT-ULA (Venezuela, 2014).

La especial condición de Japón respecto a la exposición a procesos naturales (intensas precipitaciones, alta actividad sísmica y volcánica, etc.) capaces de transformarse en desastres tales como tifones, erupciones volcánicas, sismos, tsunamis, movimientos en masa, con un amplio registro de eventos adversos a lo largo de la historia, ha obligado a esta nación a desarrollar tecnología para hacer frente a una considerable variedad de riesgos.

Sus avances en  mitigación y reducción de riesgos de desastres son notables, lo cual se manifiesta con una progresiva y significativa reducción del número de muertes y pérdidas materiales, y una gran capacidad de recuperación económica posterior a los efectos de los desastres que lo han afectado.

Específicamente la tecnología denominada «Sabo«, aplicada a la mitigación de riesgos de desastres con sedimentos es de especial interés para Latinoamérica, debido a la alta recurrencia de fenómenos hidro-geodinámicos que se han materializado en desastres recientemente en nuestra región (La Guaira-Venezuela, 1999; Huauchinango-México, 2016; Mocoa-Colombia, 2017; Tiquipaya-Bolivia, 2018 entre otros).

Las obras Sabo se clasifican generalmente en tres grupos, referidos a trabajos para la prevención de desastres causados por flujo de detritos a través de la conservación de áreas montañosas; a la prevención de deslizamiento de tierras; y a la prevención de desastres por fallas o colapsos en laderas inclinadas.

   Presa abierta para captación de troncos.

La geología, la hidro-meteorología, la educación para la prevención, los modelos hidráulicos y la ingeniería forestal entre otras  herramientas integran la tecnología Sabo, que es implementada desde hace muchos años en Japón, cuyo mayor desafío consiste en monitorear y pronosticar con mayor precisión el efecto de los procesos naturales y antropogénicos, aplicando un control sobre estos con sistemas estructurales y no estructurales que operan en conjunto.

La filosofía y principios de las obras Sabo pueden adaptarse e implementarse a las condiciones de países latinoamericanos, partiendo de la comparación de las medidas aplicadas en estos con las experiencias de Japón, al igual que este país asiático desarrolló su tecnología a partir del intercambio cultural y científico con expertos europeos (especialmente holandeses y austriacos) hasta tomar una posición de vanguardia a nivel mundial en la materia. La existencia de un marco internacional para la cooperación técnica debe ser aprovechada por Latinoamérica.

En el año 1897 se promulgó en Japón la Ley Sabo, para el control del agua y sedimentos, para regular los procesos perjudiciales en las áreas Sabo-designadas y mejorar las instalaciones Sabo (http://www.sabo-int.org/law/japan.html). Posteriormente, en 1958 se promulgó la Ley de Prevención de Deslizamientos, con el objetivo de prevenir los desastres relacionados con estos movimientos en masa, y contribuir con la conservación de la tierra y la protección de los ciudadanos. Otras leyes han sido también creadas e implementadas en Japón, las cuales operan de forma conjunta a la implementación de las obras Sabo, cumpliendo una necesaria función regulatoria.

Uno de los pilares de la tecnología Sabo corresponde al modelado y caracterización de los flujos que pueden generarse en cauces asociados a terrenos en altas pendientes, para diseñar estructuras de control de erosión, transporte y canalización de sedimentos, separar las fases fluida y solida de los torrentes, monitorear y alertar sobre la generación de desplazamientos en masa peligrosos. Sabo funciona como un sistema encadenado, pudiendo contar con estructuras para el mismo fin con distintas dimensiones, o diferentes dispositivos que produzcan un efecto integrado en la reducción del riesgo de ocurrencia de daños asociados a la denudación, movimiento y depositación de grandes cantidades de sedimentos.

Las presas Sabo pueden adaptarse armónicamente al entorno.

Lo descrito previamente debe incluirse en los planes de manejo integrados de cuencas, y programas de recuperación forestal de las mismas, en especial cuando estas se asocian a zonas de aprovechamiento hidroeléctrico, minero, agrícola o silvícola, así como en entornos rurales y urbanos intervenidos.

Influencia Antropogénica de los Desastres con Sedimentos y su Desarrollo

Trabajo presentado por Miguel A. Morales Collazos en el IV Simposio Panamericano de Deslizamientos. Paipa, Boyacá/Colombia, 2012.

Resumen

Los desastres deben abordarse como consecuencia de procesos naturales e inducidos, cuya resultante es la afectación profunda, directa e indirecta a actividades económicas de la población y su calidad de vida; por lo que se consideran problemas ambientales construidos socialmente. Casos simbólicos como los aludes torrenciales que afectaron a El Limón (Estado Aragua, 1.987) a La Guaira (Estado Vargas, 1.999) en Venezuela, entre otros, tienen en común la integración de procesos físicos capaces de transformarse en amenazas y el emplazamiento y crecimiento de comunidades vulnerables y de baja resiliencia. La respuesta institucional a estos eventos ha sido tradicionalmente reactiva más que preventiva. El objeto de este trabajo es valorar la influencia de la intervención humana en el aumento de la vulnerabilidad y la catálisis negativa de las amenazas que han llevado a los desastres con sedimentos como consecuencia derivada de los fenómenos hidrometeorológicos, a representar las más altas cifras en daños y pérdidas económicas en los países latinoamericanos.

1. Los desastres con sedimentos en latino-américa.

Anualmente los daños producidos por los desastres vinculados a eventos hidrometeorológicos generan una des-aceleración en el desarrollo de las naciones debido al impacto económico y social de sus efectos. Para Venezuela y Colombia la proporción de afectaciones relacionadas con estos fenómenos ronda el 90%, dentro de la cual los desastres por sedimentos representan una elevada cifra con tendencia al aumento. Conocidos casos como el de Armero (Tolima, 1985),  El Barrio La Gabriela  (Antioquia 2.010) en Colombia, El Limón (Aragua, 1.987) (ver figura 1) y La Guaira (Vargas, 1.999) han conjugado escenarios con elementos en común, tales como procesos físicos recurrentes con capacidad transformadora y comunidades vulnerables con poca o ninguna preparación. La tendencia actual sobre la gestión de los riesgos de desastres en los países latinoamericanos es francamente reactiva, pero con un tímido creciente interés en la respuesta preventiva ante estos fenómenos.

Existe una responsabilidad compartida entre gobiernos y comunidades, en cuanto a los procesos de construcción de riesgos, particularmente del riesgo de desastres con sedimentos, lo cual  se manifiesta en la consolidación de asentamientos humanos espontáneos en lugares no aptos desde perspectivas ambientales, constructivas y sociales configurando sistemas de baja resiliencia, que al materializarse las amenazas provocan daños profundos en los mismos, como colapsos de viviendas, pérdida de infraestructuras, inhabilitación de servicios, personas heridas y muertas e impactos severos a las economías locales, regionales y nacionales.

Figura 1. Imagen del desastre de El Limón (Aragua 1987), que muestra los estragos que produjo el flujo de detritos en este estado centro-occidental de Venezuela.

2.  La construcción del riesgo.

El cambio climático ha  provocado alteraciones en procesos físicos como las lluvias y las sequías, pero a esto ha de añadirse la cada vez menos controlada intervención humana sobre laderas, cauces y zonas de depositación natural de sedimentos. Acciones como la modificación de la topografía, la construcción de taludes verticalizados, el mal manejo de los efluentes domésticos y las escorrentías, la auto-construcción no regulada, la disposición de desechos sólidos, la reducción de coberturas vegetales, inciden en forma agresiva sobre los procesos físicos, por lo que el aporte antropogénico a la potenciación de los riesgos de desastres con sedimentos y su materialización es no solo relevante sino decisivo.

Un ejemplo es el caso de la degradación que sufren las rocas en taludes intervenidos que han sido poblados y donde no existen redes formalmente constituidas para el manejo de los efluentes domésticos, sino que se utiliza el vertido directo de estos a los terrenos o pozos sépticos de dudosa calidad, que representan aportes constantes de material orgánico que descompone las rocas y debilita los suelos, de forma más lenta pero más intensa que las propias precipitaciones. El ejemplo expuesto es uno de tantos casos en los que no se ha medido las consecuencias a corto y mediano plazo de acciones humanas aparentemente irrelevantes.

El mal manejo de los desechos sólidos, que en la mayoría de los países latinoamericanos es un problema ambiental grave, comúnmente tiene impacto en los cauces de los cursos de agua, atribuyéndose a la disposición de estos en las cercanías de los afluentes y los sistemas de drenaje su colapso y el desbordamiento de quebradas y ríos. Es común también el emplazamiento de asentamientos humanos en los abanicos aluviales ó conos de deyección, siendo estos espacios naturales para la acumulación de sedimentos. No es en vano que las zonas con mayor vulnerabilidad expuestas a amenazas tangibles, son aquellas donde el crecimiento y “no” el desarrollo planificado han imperado, teniendo como determinante y detonante recurrente de desastres al propio ser humano. El ser humano fomenta sistemas vulnerables, y cada vez de forma más indolente impacta en el ambiente. Los procesos erosivos son de los más impactados antropogénicamente.

3.  Ingeniería aplicada al manejo del riesgo de desastres con sedimentos.

La geotecnia como rama de la geología aplicada, tiene herramientas para además de corregir problemas participar en la prevención de los riesgos de desastres y su mitigación. Las oficinas técnicas de instituciones públicas como la Protección Civil tienen la competencia en evaluación de riesgos, sin embargo, son múltiples las limitaciones con las que lidian estos organismos, entre ellas el recurso humano disponible.

Con todo y esto, son numerosas las posibilidades para el desarrollo de estrategias apoyadas en la aplicación de conocimientos técnicos e ingenieriles, que contribuyan a la identificación y reducción de riesgos de desastres, en el caso de interés, siendo clave para la consecución de su cometido la participación ciudadana.

A) La zonificación cartográfica de los procesos activos, terrenos inestables y elementos vulnerables, permite de forma general pero en escalas razonables, la jerarquización de las amenazas sobre las comunidades, en estos trabajos la comunidad puede participar activamente, trabajos bastante óptimos fueron realizados y aplicados por el proyecto PRECUPA en Ecuador entre los años 1994 y 1998 (Basabe, 2004).

B) El registro histórico de eventos locales con datos relativos a ubicación específica, precipitación, daños generados, acciones efectuadas, son de gran valor para la caracterización fenomenológica de los escenarios de desastre, una clase especial y correspondiente a los desastres con sedimentos son los inventarios de movimientos en masa, que se constituyen en un registro ordenado de la localización y las características individuales de una serie de movimientos en un área dada (GEMMA, 2007).

C) El uso de los sistemas de alerta temprana tanto los tecnológicos como sus equivalentes artesanales pueden brindar el tiempo necesario para la respuesta reactiva organizada como para el monitoreo preventivo requerido de aquellos eventos con desarrollos graduales, y también en su utilización es viable la participación de la ciudadanía.

E) La regulación de los procesos de auto-construcción, bien por medio de la capacitación técnica, procesos de contraloría locales que operen a la par de la restricción de espacios no aptos para fines específicos y la reubicación parcial o total de comunidades, que puede apoyarse de investigaciones como los estudios de microzonificación sísmica. Esta alternativa requiere de una óptima caracterización técnica, voluntad política, políticas públicas y cooperación de los ciudadanos, del caso venezolano se cita la  guía de identificación de problemas geotécnicos vinculados con la existencia de viviendas en terrenos inestables o potencialmente inestables (ver figura 2). En este punto también deben destacarse estudios tan valiosos y versátiles como los Planes de Ordenamiento del Territorio y Planes de Desarrollo Urbano, que definen el uso adecuado para cada unidad espacial y su aprovechamiento racional a futuro.

Figura 2. Portadas de la guía elaborada y utilizada por la Protección Civil del Estado Miranda.

4.  Aumento de los desastres con sedimentos.

El aumento al cual se hace referencia no solo es en número sino en su severidad, con el crecimiento poblacional y la intensificación de los fenómenos naturales se van extendiendo los escenarios en los cuales estos eventos pueden ocurrir, cada vez son más las cuencas intervenidas hacia sus partes altas y se densifican mayormente las áreas ya ocupadas, un factor importante es la modificación de las redes naturales de drenaje y el incremento en el transporte de sedimentos.

En la actualidad, el patrón de las precipitaciones en Venezuela ha tenido las siguientes características: lluvias cortas, muy intensas y frecuentes, esto define efectos significativos, como la saturación temprana de suelos, las denominadas “Flash floods” y variaciones en los niveles freáticos de los terrenos, con incidencia estrecha en la generación de deslizamientos. Comparativamente, en desastres como el de “El Limón” (1.987) y La Guaira (1.999), las condiciones hidrometeorológicas definieron precipitaciones casi continuas por largos lapsos, que superaron con creces los registros más altos tenidos para cada momento. Fueron entonces fenómenos extraordinarios, que encontraron sistemas condicionados y de baja resiliencia, propicios para descargar toda su potencia transformadora.

De los tres tipos generales de movimientos en masa; deslizamientos, fallas de talud y flujos de detritos, son estos últimos los que han dejado huellas más trágicas en la historia y son los que a menor escala territorial pero en entornos más urbanizados se vienen presentando con mayor regularidad.

REFERENCIAS

Basabe, P., (2004). “Landslide risk reduction in Ecuador: from policy to practice”. p. 279-288.

Morales, M. (2011). “Guía para la identificación de problemas geotécnicos asociados a viviendas en terrenos inestables y potencialmente inestables. Venezuela.

GEMMA, (2007). “Movimientos en masa en la región andina: una guía para la evaluación de amenazas”. p. 87-105.

Realizado primer seminario web sobre Incidencia del Cambio Climático en la Seguridad Urbana

El viernes 15 de diciembre realizamos el primer webinario organizado por nuestro sitio web titulado “Incidencia del cambio climático en la seguridad urbana”. El tema, además de pertinente, vinculaba dos aspectos de carácter global, como lo son el cambio climático y sus efectos, y la seguridad de nuestras ciudades y sus ciudadanos.

Respecto al primer aspecto, el cambio climático constituye una innegable realidad que trastoca prácticamente todos los aspectos de la vida humana y de otras especies, siendo un factor que condiciona el desarrollo y compromete el futuro de las venideras generaciones, con consecuencias que aun deteniendo todas las acciones negativas que lo catalizan desfavorablemente igual tendríamos un efecto residual bastante severo, por ello la relevancia y necesidad de informar a la colectividad sobre la manera de enfrentarlo y prepararnos adecuadamente.

Respecto al segundo aspecto, la seguridad urbana debe entenderse desde varios espectros, que pueden englobarse en las condiciones necesarias para que la población acceda a los servicios y cuente con los elementos para su estabilidad y desarrollo humano, partiendo desde la noción convencional de protección a aspectos económicos, salud, alimentación, jurisprudencia y derechos básicos.

El Cambio Climático es una amenaza global que no solo vulnera no a las sociedades menos preparadas, menos conscientes y menos protegidas, incluso aquellas con niveles de desarrollo tecnológico y económico elevado, pueden resentir los impactos del calentamiento global y la degradación ambiental, en esto las fronteras no existen ni la discriminación, sin embargo, las desigualdades son un factor que puede definir el nivel de exposición a daños severos y duraderos.

Por ello es importante que todos los estados trabajen conjuntamente en acciones que desde ya reduzcan tanto el acelerado avance del daño al clima como en estrategias para reducir el riesgo de desastres y preparar a la población para manejar los pasivos ambientales que ya son irreversibles.

Desde esta plataforma agradecemos a quienes participaron desde Bolivia, Chile, España, México, Perú y Venezuela, e invitamos a quienes visitan nuestra plataforma y hacen uso de la misma a estar al pendiente de venideras actividades que como esta llevaremos a ustedes próximamente.

Desastres e Impactos Económicos

Entre las consecuencias de la ocurrencia de un desastre, están las cuantiosas pérdidas asociadas a los daños sufridos en vías, edificaciones, líneas de servicio, que dificultan tanto el despliegue de la asistencia humanitaria como la recuperación económica de la región afectada.

Las pérdidas que usualmente se expresan en millones de dólares, se estiman en las evaluaciones de impacto, sobre los daños directos y los efectos macroeconómicos sobre lo que se deja de percibir por la interrupción de las actividades económicas, más lo que representan los trabajos de reconstrucción, restitución y/o indemnización por los daños producidos (es más difícil estimar los efectos microeconómicos). “Un impacto macroeconómico es definido como las consecuencias de la destrucción estimada de infraestructuras y de los cambios en los flujos económicos causada por un desastre en el desarrollo general de una economía” (UNDP, 2012).

Muchos países, se recuperan luego de los desastres, por la baja frecuencia que regularmente tienen, y por haber destinado fondos especiales para situaciones de contingencia y promovido la transferencia de riesgos a través de seguros contra daños y pérdidas totales en inmuebles con lo que reducen los capitales que posteriormente deben conducir para la asistencia de la población.

Otros países no toman previsiones al respecto, y aquellos con economías frágiles o inestables, requieren de la asistencia internacional a través de fondos especiales para poder asistir tempranamente las necesidades de los afectados. Radica aquí la importancia de la inversión en políticas y acciones de prevención, continuamente desestimados sobre los recursos destinados a la respuesta (no dejan de ser importantes y también requieren de planificación). Otro tema corresponde a lo que se hace en ocasiones con los recursos que se perciben y destinan para la atención de los desastres, pues no son pocas las veces en que los mismos se han manejado sin transparencia, sin rendición de cuentas y de forma corrupta.

Debe entenderse las recesiones económicas, incluidas las producidas por los desastres, son fuertes limitaciones al desarrollo económico, lo cual podemos entender al ver como el PIB es afectado en el corto plazo. El dinero que no se invierte en construir ciudades más seguras resulta menor que el que se requiere para las labores de reconstrucción y recuperación de la normalidad de todas las actividades de la población luego de un desastre.

 

Para quien desee leer más al respecto, recomiendo la lectura de estos dos documentos:

http://www.bo.undp.org/content/dam/bolivia/docs/undp-bo-Impacto-macroeconomico.pdf

http://www.eird.org/estrategias/pdf/spa/doc2194/doc2194-contenido.pdf

 

Sinopsis del Terremoto de Cúa de 1878

Los Valles del Tuy se ubican dentro de una región sísmicamente activa, controlada estructuralmente por un Sistema de fallas conformado por la falla de Tácata y la falla de La Victoria, siendo la falla activa precursora por referencia de los movimientos telúricos en esta área la falla de Tácata (estructura geológica que presenta un plano oblicuo). Mayormente los suelos de esta región son limosos y arcillosos, lo cual aun día demanda la construcción de viviendas especiales. Dentro del registro histórico de eventos sísmicos relevantes en los Valles del Tuy es el sismo más antiguo del que se tiene información el del 11 de junio de 1641, reseñándose otros eventos similares en los años 1766 y 1812. Cúa, La capital del municipio Urdaneta, como ciudad tiene la particularidad de haber sido reubicada debido a la ocurrencia de movimientos sísmicos que afectaron sus previas locaciones (La primera capital denominada Santa Rosa de Marín fue devastada por el sismo de 1641). El 12 de abril de 1878 aproximadamente a las 8:45 pm se generó un fuerte movimiento sísmico con una intensidad aproximada de 6.3 en la escala de Ritcher y una intensidad equivalente de 8 en la escala de Mercalli. El epicentro de este terremoto pudo ubicarse entre las poblaciones de Cúa y Ocumare del Tuy, siendo destruida en ese evento la villa de Cúa y afectadas las poblaciones de Charallave, Ocumare del Tuy, Santa Teresa del Tuy, San Francisco, Tácata y San Casimiro. El registro total de afectaciones y pérdidas por este evento difiere según varias fuentes de información, siendo para esa época reseñado entre 400 a 2000 muertes (el censo del comerciante local Andrés de La Morena indica sin embargo una cifra no superior a los 70 fallecidos), el colapso total del templo (solo sobrevivió una columna y su capitel), centenares de viviendas colapsadas, y la devastación de las Haciendas: La Consolación, El Palmar, San Rafael, El Conde, Souza, Tovar, Mendoza, Calabozo, Piñate, Santa Bárbara y Oviedo y daños menores en las poblaciones aledañas previamente citadas.
Reseñas sobre testimonios de los pobladores refieren la ocurrencia de hundimientos del terreno y el haber oído crujidos fuertes. El hecho de que este evento ocurriese pocos días antes de la semana santa y sucesos relacionados a un párroco local (José María Céspedes) le confirieron elementos sobrenaturales dentro de los pobladores. Luego de la devastación la población de Cúa recibió la visita del Presidente de la República Francisco Linares Alcántara quien recorrió las áreas afectadas, dándole a este evento una connotación nacional. Otro elemento de interés se presenta como un efecto cosísmico a la ocurrencia de este fenómeno, ya que como iniciativa para la asistencia de las personas afectadas el “Colegio Smith” conformó una Junta Benéfica de carácter voluntario que entre sus objetivos se planteó la construcción de un orfanato que diera hogar temporal a los niños huérfanos a causa del terremoto; dicha institución logró brindar asistencia no solo a los niños de la región ya que también recibía infantes de la ciudad capital. Un hecho poco conocido es que fue en ese orfanato donde se dio la primera consulta médica exclusivamente pediátrica en el país. De esa prospera ciudad cuyo desarrollo violentamente fue interrumpido luego del terremoto de 1878 sobreviven pocos vestigios heredados en la memoria de algunos pobladores. Los Valles del Tuy siguen siendo considerados una zona sísmicamente activa, sus suelos han seguido constituyéndose por sedimentos transportados por el río Tuy y sus afluentes (limos y arcillas), y su población ha olvidado en gran parte ese dinámico pasado sísmico que en más de una oportunidad afectó a las florecientes villas del Tuy y del cual el Terremoto del 14 de abril de 1878 es uno de lo eventos sísmicos más contundentes generados en el Estado Miranda en Venezuela.

El Efecto Amarillista de un Sismo

Miguel Angel Morales Collazos

Posiblemente el caso venezolano no sea el único en este tipo de fenómenos asociados a la sismicidad, pero ciertamente dentro de la conducta del venezolano, es más que común y esperable que luego de ocurrir un evento sísmico se retomen temas y opiniones más cíclicas que los movimientos telúricos, así como la reaparición de temores que por lapsos mayores permanecen dormidos y hasta en el olvido. Cuando hago referencia al amarillismo es porque a la par de las sacudidas producidas por la liberación energética desde el subsuelo, se propagan rumores que pudieran competir con la velocidad de las distintas ondas sísmicas, y son hoy día los medios digitales (entre ellos las redes sociales) los que hacen acuse y sirven de medida de dicho efecto, pudiera una familia vivir por décadas albergando fisuras o grietas en sus viviendas sin notarlas jamás, hasta que un temblor les hace examinar la casa y mágicamente cada daño, desperfecto y hasta descuido exhibido en los hogares ha sido producido por el citado tremor; por otro lado se presenta una marcada elevación en la demanda de charlas y conferencias sobre prevención sísmica, con información siempre útil y bienvenida, pero que prontamente experimenta una caída en su necesidad de ser consumida y cae en el desuso y el olvido, poco dura el temor (científicamente conocido como tremofobia) que manifiestan muchos ciudadanos a los latidos de la Tierra.

Organismos como las protecciones civiles, bomberos, ONG’s y principalmente el ente rector en el caso venezolano: la Fundación Venezolana de Investigaciones Sísmicas (FUNVISIS), promueven de forma mantenida el acceso a información importante y programas de capacitación al respecto, enfrentando a menudo obstáculos serios para que la información llegue a sus destinatarios, obstáculos básicamente sociales, y dentro de los mismos podrían contarse la inapetencia al conocimiento, la priorización de otros temas más presentes y urgentes en la cotidianidad, el desinterés de los entes políticos y si, el escaso por no decir nulo registro de víctimas fatales en el presente más inmediato de la historia venezolana, cosa curiosa al saber que el territorio venezolano corresponde a una región eminentemente sísmica, con sistemas de fallas cuaternarias activas, antecedentes no solo de sismos destructores sino también de tsunamis (no olvidemos por otro lado que son más constantes los daños y pérdidas derivados de las lluvias o de la ausencia de estas a los cuales la población no teme pero cada año padece, pero muchos organismos en la Protección Civil solo se enfocan en simulacros por eventos sísmicos), pero que por razones circunstanciales que solo la naturaleza conoce, no se han cobrado las víctimas que nuestras espectaculares condiciones de vulnerabilidad sirven sobre la mesa y por cosas de la vida, el venezolano ya no sabe por qué razón es que la expresión «Se acabó Cúa» (frase que se popularizó en la población del mismo nombre luego de su segunda destrucción a raíz de un sismo en 1878) existe, pero si recuerda el persistente chisme de la época de la visita de Humboltd a la capital venezolana de que el Ávila (cerro Waraira Repano ubicado en la ciudad de Caracas) es un volcán.
El amarillismo no es exclusivo de los medios de comunicación, pero si de ellos ha sido la voluntad de que se siga calificando como terremoto a un evento sísmico cuando se caen casas y hay muertos, y como temblor, cuando solo se trata de una sacudida leve; el amarillismo se materializa con los mensajes que saturan las herramientas comunicacionales que confunden y deforman los acontecimientos reales y verificables, pero también se materializa con la conducta casi histérica de muchos que solo recuerdan que las casas se pueden caer si es que un sismo fuerte se genera, pero es que se pueden caer no solo si eso pasa, porque como bien me enseñó mi tutor de postgrado el Ingeniero Ronald Torres (docente de la UCV) «hay dos tipos de estructuras, las que se diseñan, y las que se caen», y en un país donde la autoconstrucción ha sido la norma, y el respeto a las normas constructivas constituye una excepción a la regla, no hace falta un sismo para que las casas se caigan, pero pese a esto, muchas veces estas no se caen. Entonces tenemos que luego de un sismo como el ocurrido el día 30 de agosto de 2017, con sus correspondientes réplicas, la ciudadanía en un buen número se vuelca a demandar información a los entes pertinentes (varios nombrados líneas arriba) y llegan a saturar la solicitud y prontitud de sus servicios, sería muy positivo que esto no pasara solo luego de un sismo, y que la preocupación ante los efectos de la dinámica terrestre con los sistemas sociales no desapareciera y se olvidara tan pronto. Pueden imaginarse que pasará cuando el sismo no sea una advertencia y por las ya referidas condiciones de vulnerabilidad se constituya en la derivación de una catástrofe, que en las circunstancias actuales del país con escasez de insumos básicos (alimentos y medicamentos), con la precariedad en la dispensación de servicios de asistencia social, y con una agenda política tan atribulada y preocupada de temas bien ajenos al bienestar ciudadano, pueda magnificarse de manera exponencial, al igual que la energía de dichos sismos.
Es necesario pasemos del reactivismo al prevencionismo, de desarrollar más la previsión que la corrección, de estar más informados para no caer en amarillismos ni reacciones propias de una película apocalíptica, pero ojo, revisen la historia, los terremotos en la historia venezolana se han cobrado la vida de repúblicas (1ra república venezolana) y de malas presidencias, por ello, no es el sismo el problema, sino cómo nos encuentra parados.

 

Destrucción de Líneas Vitales en Desastres

Miguel Angel Morales Collazos

Entre las múltiples consecuencias de la ocurrencia de un desastre, frecuentemente debe lidiarse con la dificultad para asistir a la población afectada, por efecto de la vulneración o daño severo en alguno de los componentes de una línea vital. Las líneas vitales (lifelines), son sistemas imprescindibles para la vida humana y el funcionamiento de las poblaciones, representan un conjunto de activos y recursos humanos fundamentales para la provisión de servicios esenciales para mantener estándares de calidad de vida, cuya interrupción generará severas y sensibles pérdidas, especialmente en caso de eventos destructivos. Dentro de los componentes de las líneas vitales está la infraestructura de transporte (vías terrestres, aeropuertos, puertos, sistemas y medios de transporte masivo y de carga), sistemas de provisión de servicios y bienes (agua potable, gas doméstico, energía eléctrica, combustible, distribución de alimentos, centros hospitalarios, dispositivos de seguridad y respuesta a emergencias), infraestructura gubernamental, entre muchos otros.

Ante lo expuesto tendría que entenderse la importancia de contar con altos niveles de seguridad estructural y operación de las líneas vitales, así como de prever los escenarios en que estas puedan fallar y los debidos planes para su reposición y/o habilitación de sistemas alternos. Los acontecimientos recientes (sismos, huracanes), demuestran tanto la susceptibilidad de las líneas vitales tanto urbanas como rurales, y los obstáculos que los entes gubernamentales y no gubernamentales enfrentan para el despliegue de las respuestas humanitarias al momento del colapso de estos sistemas.

El terremoto ocurrido en Ecuador en abril de 2016, acontecido en zonas provinciales costeras de ese país, dejó ver las debilidades de las líneas vitales de esa nación, ya que instalaciones hospitalarias y vías principales fueron gravemente dañadas quedando inoperantes, esto complicó el desplazamiento de grupos de respuesta desde la capital ecuatoriana hasta la zona afectada en el litoral ecuatoriano y el desplazamiento de afectados a sitios seguros. Con el colapso de un centro hospitalario se deja sin provisión de atención para la salud a los numerosos lesionados que pueden tenerse luego de un desastre, hasta la activación de centros de emergencia provisionales.

El paso del huracán María por la isla de Puerto Rico durante los últimos días del mes de septiembre de 2017, afectó a todos sus municipios, dejó totalmente sin suministro eléctrico a la población (numerosas torres de transmisión fueros destruidas), sin acceso a telecomunicaciones (telefonía doméstica, celular ni internet), redujo severamente el acceso a agua potable (declaraciones de afectados y el cese del aprovisionamiento de combustible obstruyó la distribución de ayuda a los afectados al no poder contar con medios para el traslado terrestre en camiones hacia distintos puntos de ese territorio y el propio desplazamiento interno de los residentes en la isla y el re-abastecimiento de insumos (médicos, sanitarios, alimentarios), sumado a las tareas de recolección de desechos que también fue interrumpida, la contaminación de cuerpos fluviales (por desechos y sedimentos) entre otros daños ambientales. Los daños más profundos y que agravan la situación y necesidades de las personas más allá de las afectaciones a las viviendas pasan entonces a ser los citados previamente, pues solventada la necesidad de refugio que en muchos casos los pobladores solventan temporalmente luego del evento desastroso las otras prioridades escapan en gran parte de sus posibilidades y recursos para su resolución.

Al colapso de las líneas vitales sucede que muchas carencias o problemas que no fueron atendidos oportunamente se agudizan, acentuando la falta de coordinación y elevando la presión social de la población afectada, que puede devenir en conflictos jurisdiccionales en cuanto a lo político-administrativo, problemas sanitarios, hambre y violencia. Debe ser parte de los planes de reconstrucción el mejoramiento de los elementos que forman parte de las líneas vitales, y para ello deben realizarse los estudios de vulnerabilidad sobre las mismas.

Con lo expuesto líneas arriba se pone a consideración la necesidad de fortalecer la integridad de las líneas vitales, y de contar con los recursos y planes de contingencia para su inmediata puesta en operación, en los casos que estas fueran perjudicadas, de nada sirve la ayuda en recursos de la índole que sea, si está atrapada lejos de quienes la requieren. Debe tenerse presente el imperativo humanitario que manifiesta la necesidad y prioridad de aliviar el sufrimiento de las personas afectadas por acontecimientos como los descritos en este texto.