19 Diciembre 2018

Tecnología para Mitigación de Riesgo de Desastres con Sedimentos usada en Japón

Modificado de trabajo presentado por Miguel Ángel Morales Collazos en las XIII Jornadas de Ambiente y Desarrollo CIDIAT-ULA (Venezuela, 2014).

La especial condición de Japón respecto a la exposición a procesos naturales (intensas precipitaciones, alta actividad sísmica y volcánica, etc.) capaces de transformarse en desastres tales como tifones, erupciones volcánicas, sismos, tsunamis, movimientos en masa, con un amplio registro de eventos adversos a lo largo de la historia, ha obligado a esta nación a desarrollar tecnología para hacer frente a una considerable variedad de riesgos.

Sus avances en  mitigación y reducción de riesgos de desastres son notables, lo cual se manifiesta con una progresiva y significativa reducción del número de muertes y pérdidas materiales, y una gran capacidad de recuperación económica posterior a los efectos de los desastres que lo han afectado.

Específicamente la tecnología denominada “Sabo“, aplicada a la mitigación de riesgos de desastres con sedimentos es de especial interés para Latinoamérica, debido a la alta recurrencia de fenómenos hidro-geodinámicos que se han materializado en desastres recientemente en nuestra región (La Guaira-Venezuela, 1999; Huauchinango-México, 2016; Mocoa-Colombia, 2017; Tiquipaya-Bolivia, 2018 entre otros).

Las obras Sabo se clasifican generalmente en tres grupos, referidos a trabajos para la prevención de desastres causados por flujo de detritos a través de la conservación de áreas montañosas; a la prevención de deslizamiento de tierras; y a la prevención de desastres por fallas o colapsos en laderas inclinadas.

   Presa abierta para captación de troncos.

La geología, la hidro-meteorología, la educación para la prevención, los modelos hidráulicos y la ingeniería forestal entre otras  herramientas integran la tecnología Sabo, que es implementada desde hace muchos años en Japón, cuyo mayor desafío consiste en monitorear y pronosticar con mayor precisión el efecto de los procesos naturales y antropogénicos, aplicando un control sobre estos con sistemas estructurales y no estructurales que operan en conjunto.

La filosofía y principios de las obras Sabo pueden adaptarse e implementarse a las condiciones de países latinoamericanos, partiendo de la comparación de las medidas aplicadas en estos con las experiencias de Japón, al igual que este país asiático desarrolló su tecnología a partir del intercambio cultural y científico con expertos europeos (especialmente holandeses y austriacos) hasta tomar una posición de vanguardia a nivel mundial en la materia. La existencia de un marco internacional para la cooperación técnica debe ser aprovechada por Latinoamérica.

En el año 1897 se promulgó en Japón la Ley Sabo, para el control del agua y sedimentos, para regular los procesos perjudiciales en las áreas Sabo-designadas y mejorar las instalaciones Sabo (http://www.sabo-int.org/law/japan.html). Posteriormente, en 1958 se promulgó la Ley de Prevención de Deslizamientos, con el objetivo de prevenir los desastres relacionados con estos movimientos en masa, y contribuir con la conservación de la tierra y la protección de los ciudadanos. Otras leyes han sido también creadas e implementadas en Japón, las cuales operan de forma conjunta a la implementación de las obras Sabo, cumpliendo una necesaria función regulatoria.

Uno de los pilares de la tecnología Sabo corresponde al modelado y caracterización de los flujos que pueden generarse en cauces asociados a terrenos en altas pendientes, para diseñar estructuras de control de erosión, transporte y canalización de sedimentos, separar las fases fluida y solida de los torrentes, monitorear y alertar sobre la generación de desplazamientos en masa peligrosos. Sabo funciona como un sistema encadenado, pudiendo contar con estructuras para el mismo fin con distintas dimensiones, o diferentes dispositivos que produzcan un efecto integrado en la reducción del riesgo de ocurrencia de daños asociados a la denudación, movimiento y depositación de grandes cantidades de sedimentos.

Las presas Sabo pueden adaptarse armónicamente al entorno.

Lo descrito previamente debe incluirse en los planes de manejo integrados de cuencas, y programas de recuperación forestal de las mismas, en especial cuando estas se asocian a zonas de aprovechamiento hidroeléctrico, minero, agrícola o silvícola, así como en entornos rurales y urbanos intervenidos.

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